El Grupo Santerra baja la persiana. El proyecto gastronómico que arrancó en Madrid en 2017 de la mano de Miguel Carretero, se hizo célebre por su croqueta, alcanzó una estrella Michelin y trató de convertir ese éxito en un negocio más amplio afronta ahora el final de su actividad empresarial.
Según ha podido saber Sivarious a través de fuentes consultadas, el grupo ha terminado abandonando la actividad. La sociedad que figura detrás de Santerra, Lugar Santerra SLU, cerró 2025 con unas pérdidas de 342.900 euros, frente al beneficio de 30.869 euros registrado un año antes. La cifra de negocio cayó además desde los 1,94 millones de euros de 2024 hasta 1,32 millones en 2025, un descenso cercano al 32%.
El deterioro también se trasladó al balance. A 31 de diciembre de 2025, la compañía presentaba un patrimonio neto negativo de 240.027 euros, frente a los 102.873 euros positivos del ejercicio anterior. Las propias cuentas señalan que esta situación responde a los resultados negativos acumulados desde la constitución de la sociedad, que habían erosionado de forma continuada sus fondos propios.
La historia de Santerra está inevitablemente ligada a su croqueta
La fotografía financiera se completa con 684.434 euros de pasivo corriente, frente a 432.850 euros un año antes, y 407.403 euros en acreedores comerciales y otras cuentas a pagar.
El desenlace llega después de varios meses de movimientos. A comienzos de 2026, Miguel Carretero abandonaba Santerra, poniendo fin a una etapa de ocho años al frente del restaurante, llegando a conseguir un Sol Repsol en 2021 y una estrella Michelin en 2024. Tras su salida, la dirección confió el proyecto culinario a Máximo Benages, hasta ese momento segundo en cocina, con Owen Duarte al frente de la sala. Todo con la intención de mantener «intactos sus estándares de calidad, su propuesta culinaria y su compromiso con el producto y la experiencia del cliente»
El preconcurso como último intento
Las cuentas de 2025 revelan que el grupo terminó recurriendo al preconcurso. El órgano de administración señala que, tras reunirse con los socios durante el primer semestre de 2026, decidió acogerse al régimen de comunicación de apertura de negociaciones con los acreedores con el objetivo de garantizar la viabilidad de la compañía y proteger los intereses de estos. La comunicación prevista en el artículo 585 de la Ley Concursal se presentó el 16 de mayo de 2026.
La finalidad era encontrar un plan de reestructuración que permitiera sanear el pasivo y revertir el desequilibrio patrimonial. En el momento de formulación de las cuentas, la sociedad todavía hablaba de negociación con sus principales acreedores y de continuidad de la actividad.
Sin embargo, ese intento no ha prosperado. Según fuentes consultadas por Sivarious, la compañía ha terminado abandonando la actividad, lo que pone fin al recorrido del grupo como estructura operativa.
La croqueta como producto de escala
La historia de Santerra está inevitablemente ligada a su croqueta. El éxito conseguido en los concursos contribuyó a convertir el restaurante en un destino gastronómico y en uno de los nombres más reconocibles de Madrid.
La compañía trató de capitalizar esa popularidad mediante Cozina, el proyecto de delivery y take away presentado en 2022 y que buscaba llevar parte de la propuesta de Santerra a un formato más escalable. Tal y como explicaba Sivarious en su día, el grupo trabajaba desde estas espaciosas instalaciones de Francisco Silvela 78 en un proyecto para llevar su croqueta al canal Horeca, con la vista puesta en cadenas de restauración y grupos hoteleros. La intención era convertir un producto asociado al éxito del restaurante en una línea de negocio capaz de llegar a más puntos de venta.
Tras desprenderse del local que ocupaba Cozina, el último capítulo se sitúa en General Pardiñas 56, en pleno corazón del Barrio Salamanca, y que permanece cerrado desde hace semanas a la espera de una nueva vida. Allí nació el proyecto original, que contaba con La Barra en la planta de arriba y, abajo, el restaurante.
El caso Santerra reaviva el debate sobre la rentabilidad en la alta cocina. La compañía consiguió prácticamente todos los ingredientes de la notoriedad gastronómica contemporánea: una croqueta premiada que se convirtió en reclamo, una identidad culinaria reconocible, el reconocimiento de la Guía Michelin y una estrategia para intentar trasladar el éxito de la restauración a otros formatos. Como marca, llegó a contar incluso con su propia foodtruck. Se convierte así en un nuevo ejemplo de la brecha entre prestigio gastronómico y rentabilidad empresarial sostenida en el tiempo.