Puede que La Marzocco deba gran parte de su fama a Starbucks, pero corresponde a las cafeterías de especialidad el haber puesto en órbita el negocio de las cafeteras florentinas. Durante años, la firma italiana fue poco más que una marca reverenciada dentro del circuito profesional del espresso. Hoy sus máquinas se han convertido en un símbolo reconocible de la nueva hostelería urbana.
La transformación del café en España —de producto funcional a experiencia gourmet— está impulsando con fuerza el negocio de La Marzocco. Allí donde abre una cafetería de especialidad, es frecuente encontrar una de sus máquinas de acero inoxidable presidiendo la barra. Desde locales minimalistas en el centro de Madrid o Barcelona hasta pequeños quioscos de prensa reconvertidos en coffee shops, la firma italiana se ha convertido en un emblema aspiracional para los nuevos emprendedores del café.
La expansión del fenómeno specialty coffee ha multiplicado la demanda. Borja Agramunt Sáez-Merino, sales manager en España, resume la dimensión del cambio al afirmar que «lo que vendía en un año cuando entré en La Marzocco hace siete años, ahora lo vendo en un mes. Un mes y una semana. Y solo en España y Portugal”.
Los tostadores de café actúan como prescriptores y distribuidores naturales de las máquinas
La frase ilustra la velocidad a la que ha evolucionado el mercado. Cuando comenzaron a proliferar las primeras cafeterías independientes enfocadas en el café de origen y el espresso de calidad, muchos de aquellos pioneros apostaron directamente por una Marzocco. La máquina no solo garantizaba estabilidad técnica y precisión, sino que también aportaba prestigio visual. Con el tiempo, ese efecto contagio convirtió a la marca florentina en una referencia casi obligatoria dentro del sector. Y aunque parece novedosa, se trata de una moda con origen en los Estados Unidos de los noventa.
El crecimiento del negocio también se refleja en las cifras. En Barcelona, la compañía centraliza las ventas, la distribución y el servicio técnico para España. Según las últimas cuentas disponibles en el Registro Mercantil, correspondientes a 2023, la filial española facturó 3,1 millones de euros, un 28,6% más que el año anterior. Aunque la empresa evita ofrecer datos actuales, en 2019 la facturación rondaba apenas el millón de euros, lo que evidencia el salto experimentado en apenas un lustro.
A nivel global, La Marzocco registró ese mismo año unas ventas de 240 millones de euros y un resultado bruto de 56,7 millones, cifras que muestran hasta qué punto el auge internacional del café de especialidad ha dejado de ser una moda pasajera para convertirse en una industria sólida.
Borja subraya, además, que la compañía no opera como un fabricante tradicional orientado a la venta directa. Su red comercial se apoya principalmente en los tostadores de café, que actúan como prescriptores y distribuidores naturales de las máquinas. “Nosotros no vendemos directamente al cliente final; trabajamos sobre todo a través de tostadores”, explica. Ese vínculo entre tostador, barista y equipamiento ha sido clave para consolidar el ecosistema del specialty coffee, pero evita que desde la compañía puedan cifrar el boom del café de especialidad en cuanto a máquinas vendidas.
Pero más allá de las ventas, el verdadero corazón del negocio está en el servicio técnico. La longevidad de las máquinas —muchas continúan funcionando décadas después de su compra— convierte el mantenimiento y la reparación en un área estratégica. En un sector donde una cafetería no puede permitirse detener el servicio durante horas, la capacidad de respuesta técnica resulta casi tan importante como la propia máquina.
Esa durabilidad ha reforzado además el valor simbólico de la marca. Frente a otros modelos más industriales o de consumo rápido, La Marzocco ha conseguido asociar sus cafeteras a una idea de artesanía y longevidad. En la nueva cultura del café, donde el cliente pregunta por el origen del grano y observa cómo se prepara cada espresso, la máquina también forma parte del relato.
Y ese relato ya no pertenece únicamente a las cafeterías de autor. El fenómeno se ha extendido a hoteles boutique, panaderías premium e incluso pequeños espacios híbridos que mezclan librería, tienda y café. En muchos de ellos, la presencia de una Marzocco funciona casi como una declaración de intenciones sobre la importancia del café.
Sin embargo, Agramunt rechaza la idea de lujo entendido como simple exclusividad. “No queremos ser una marca ‘snob’. Queremos ser la mejor marca de maquinaria de café del mundo”. La clave, sostiene, está en la durabilidad, la fiabilidad y el vínculo emocional que muchos clientes desarrollan con las máquinas. Un fenómeno que se replica tanto en cafeterías profesionales como en el creciente mercado doméstico de aficionados al café.