En una restauración que funciona a golpe de tendencias, la tarta del queso ha sido un gran catalizador febril. Dulce Safari quiso aprovechar esa ola a toda velocidad y pasó, en apenas tres años, de un único obrador a construir una red que llegó a alcanzar su máximo con 10 locales a finales de 2025. El desenlace, sin embargo, ha sido muy distinto al que apuntaba aquella expansión, con la compañía abocada a la liquidación y el cierre en cascada de sus establecimientos.
La caída se precipitó durante 2026, después de que la marca frenara en seco su actividad. El procedimiento especial de microempresa, en modalidad liquidativa por insuficiencia de masa activa, quedó inscrito en el Registro Mercantil de Madrid el 25 de junio de 2026.
Los datos disponibles permiten dimensionar el final de la compañía. La sociedad, Dulce Safari SL, registraba una cifra de negocios de 498.430,43 euros y un pasivo de 316.005,27 euros. La solicitud del procedimiento concursal se sitúa en el 31 de mayo de 2026, apenas unos días antes de que el Registro Mercantil dejara constancia de la apertura del procedimiento. La página web de la marca se encuentra fuera de servicio y en venta desde entonces.
La compañía llegó a estar presente en Madrid, Sevilla, Córdoba y Marbella
El caso resulta especialmente significativo por la velocidad con la que se construyó el negocio. Dulce Safari nació en 2023 como proyecto especializado en tartas de queso y café, aunque la sociedad que explotaba la actividad fue constituida formalmente en marzo de 2024, con un capital social de 100.000 euros y una fuerte expectativa de crecimiento vía franquicia.
Una red que creció demasiado deprisa
Desde el principio, la estrategia se basó en aprovechar la popularidad del cheesecake para crear una marca reconocible y multiplicar rápidamente los puntos de venta. La compañía llegó a estar presente en Madrid, Sevilla, Córdoba y Marbella y desplegó una red de establecimientos que llegó a rondar la decena.
La propia huella comercial que dejó la marca da una idea de la dimensión alcanzada. Entre sus ubicaciones figuraban Madrid Río, Atocha, La Latina, Nuevos Ministerios, Goya, La Moraleja y Vallecas, además de establecimientos en Sevilla y Córdoba.
Pese a los intentos de Sivarious por contactar con su fundador, Rafa Salinas, no ha conseguido obtener una respuesta oficial sobre el cierre de la cadena. No obstante, desde el sector apuntan a que el problema de este tipo de expansión es que cada nueva apertura multiplica las necesidades de financiación antes de que el negocio tenga tiempo de demostrar que cada unidad es rentable. Al coste del alquiler y la adecuación del local se suman personal, suministros, compras, marketing y circulante.
En el caso de Dulce Safari, además, parte de la expansión se apoyó en ubicaciones de elevado coste. El establecimiento de Goya, por ejemplo, ocupaba un espacio de dos plantas y unos 160 metros cuadrados en la calle Alcalá, una localización que exigía un volumen de ventas elevado para absorber una estructura de costes también elevada.
La marca intentaba compensar esa estructura con una propuesta que iba más allá de la tarta de queso. A su oferta de cheesecakes sumó café de especialidad, brunch, opciones saladas y una experiencia de marca basada en nombres y conceptos vinculados al universo safari. En algunos de sus establecimientos, la propuesta llegó a funcionar como una cafetería-restaurante más amplia.
Cuando la expansión empieza a pesar
La multiplicación de establecimientos también elevó la complejidad operativa. Mantener una experiencia homogénea en una red que crece rápidamente exige disponer de equipos suficientes, procesos muy afinados y capacidad para controlar la calidad en cada punto de venta.
Es precisamente en este punto donde comenzaron a aparecer señales de desgaste en la experiencia de algunos clientes. Las opiniones publicadas en plataformas de restauración muestran una percepción desigual: mientras algunos usuarios valoraban positivamente el producto y el ambiente, otros señalaban tiempos de espera elevados, problemas con pedidos o una relación calidad-precio menos convincente.
En Goya, uno de los establecimientos más representativos de la expansión, pueden encontrarse comentarios recientes que apuntaban a esperas prolongadas o incidencias con determinados productos.
Dulce Safari nació, además, en uno de los momentos de mayor popularidad de las tartas de queso. El producto se convirtió en un reclamo recurrente para restaurantes, cafeterías, obradores y pastelerías, con multitud de propuestas compitiendo por el mismo consumidor.