Independientemente de la época del año, Madrid mantiene su atractivo como uno de los grandes polos turísticos de Europa. Sin embargo, es en mayo cuando la capital adquiere un carácter especialmente reconocible. Coincidiendo con las celebraciones del 2 de mayo y las fiestas de San Isidro, la ciudad se transforma: las terrazas se llenan, regresan las tradiciones populares y la gastronomía vuelve a ocupar un lugar central en la experiencia urbana.
En este contexto, Viena Capellanes pone el foco en el valor de la cocina madrileña como elemento diferencial, reivindicando su papel dentro de la oferta gastronómica local, tanto para el público nacional como internacional.
Un recorrido por la tradición dulce madrileña
La propuesta de la histórica firma pasa por recuperar y dar visibilidad a algunos de los productos más representativos de la repostería madrileña, especialmente en un momento del año donde el consumo de estos dulces se intensifica.

Entre ellos destacan los bartolillos, elaboraciones de masa frita rellenas de crema pastelera con origen en la tradición conventual, así como las bizcotelas, pequeños bizcochos rellenos de yema confitada y cubiertos de chocolate negro. En este último caso, la compañía ha impulsado su reinterpretación con el objetivo de recuperar un producto histórico aún poco conocido por el gran público.
A estos clásicos se suman las tejas de almendra o las rosquillas de Alcalá, referencias habituales dentro del recetario tradicional que aportan valor añadido a la oferta dulce de la ciudad.
Mención aparte merecen las rosquillas de San Isidro —tontas, listas, francesas y de Santa Clara—, uno de los productos más icónicos de estas fechas. Viena Capellanes incorpora además una versión propia con merengue aromatizado con violetas, reforzando el vínculo entre producto y tradición local.

Del dulce al salado: identidad gastronómica
Más allá de la repostería, la gastronomía madrileña se apoya en una base sólida de platos salados que forman parte de su identidad culinaria y que siguen siendo un reclamo tanto para residentes como para turistas.
Entre ellos destacan propuestas como el bocadillo de calamares, el cocido madrileño, las patatas bravas o elaboraciones de casquería, que continúan ocupando un lugar relevante dentro de la restauración tradicional.
Parte de esta oferta puede encontrarse en el histórico Café Viena, activo desde 1928, donde se mantienen recetas emblemáticas como el cocido madrileño servido en tres vuelcos, el rabo de toro estofado o la ensaladilla rusa.
Con esta iniciativa, Viena Capellanes refuerza una tendencia creciente en el sector: la gastronomía como elemento clave en la experiencia de destino. En un mes de alta intensidad turística como mayo, la puesta en valor del recetario local no solo contribuye a preservar la tradición, sino que también actúa como herramienta de diferenciación para la ciudad.