Los distribuidores de hostelería se mueven entre el pesimismo y el escepticismo. El inicio de 2025 se las prometía muy optimistas, con la economía nacional mostrando signos positivos en sus principales magnitudes, principalmente una cifra récord en turismo. Pese a estos indicadores favorables, la tendencia negativa del consumo en bares, restaurantes y hoteles ha terminado consolidándose y mostrando una clara desaceleración en su curva de sell-in al canal de hostelería.
“Diferentes factores han venido perjudicando los que podrían haber sido unos resultados esperanzadores para la rentabilidad global absoluta en cada distribuidora, ya que el porcentaje del margen neto sigue estabilizado, e incluso deteriorado”, explican desde la Federación Española de Empresas de Distribución a Hostelería y Restauración (FEDIS HORECA). Entre las razones principales destacan la presión estructural sobre los costes y un entorno operativo cada vez más exigente.
El ejercicio 2025 arrancó con expectativas elevadas. Los indicadores macroeconómicos acompañaban: un crecimiento del PIB del 2,8%, claramente por encima de la media europea; una tasa de paro en descenso, situada en el 10,4%; y un nuevo récord turístico, superando los 95 millones de visitantes. Sin embargo, el comportamiento real del consumo fuera del hogar no ha seguido ese mismo ritmo, evidenciando una desconexión cada vez más clara entre los datos macro y la realidad del canal HORECA.
El margen se ve erosionado por la necesidad constante de inversión
La principal preocupación del distribuidor no está tanto en el volumen como en la rentabilidad efectiva. Aunque los márgenes porcentuales se mantienen relativamente estables, el resultado final se ve erosionado por la necesidad constante de invertir para sostener el negocio: renovación de flotas, adaptación a nuevas normativas, digitalización de procesos y mayores exigencias administrativas. La rentabilidad absoluta se resiente en un contexto donde vender más no implica necesariamente ganar más.
Las previsiones de cierre del año apuntan a un escenario prácticamente plano. El crecimiento en volumen difícilmente superará el 0,6%, mientras que el valor se moverá en una horquilla muy ajustada, entre el 1% y el 1,5%. Durante los meses de verano, tradicionalmente tractores del consumo, los datos ya anticipaban esta debilidad, con ligeras caídas tanto en volumen como en valor, influenciadas por factores externos difíciles de controlar.
Uno de ellos ha sido, una vez más, la climatología. En un país donde el consumo fuera del hogar tiene un peso determinante, los episodios de lluvias en periodos vacacionales y, sobre todo, las olas de calor extremo han reducido de forma notable la actividad en terrazas. Desde Semana Santa, las temperaturas han superado en dos puntos las medias históricas, limitando el uso de espacios exteriores durante amplias franjas del día y contrayendo el consumo.
A este contexto se suma un consumidor cada vez más prudente. La pérdida de confianza, alimentada por el encarecimiento de la vivienda y una inflación persistente, está modificando los hábitos de gasto. Aunque el flujo turístico se mantiene fuerte, el aumento de precios en alojamientos y logística —con subidas acumuladas de entre el 20% y el 30%— ha llevado a muchos turistas a racionalizar su presupuesto, desplazando parte del consumo hacia el supermercado y reduciendo las visitas a bares y restaurantes.
Este cambio es especialmente visible en los segmentos más jóvenes. El consumo en retail crece con fuerza, mientras que en hostelería se reduce el ticket medio y se priorizan opciones de menor desembolso. Además, se observa un giro claro en las categorías: caen cerveza, vino y espirituosos, con descensos de entre 4 y 8 puntos, frente al avance de bebidas funcionales, energéticas, lácteos, té y café, que ganan peso, pero aportan menos valor al conjunto del canal.
¿Fase recesiva en HORECA?
Desde la perspectiva de la distribución, el horizonte inmediato no invita al optimismo. El hostelero se enfrenta a nuevas restricciones y obligaciones: posibles limitaciones al consumo de tabaco en terrazas, reducción de la jornada laboral sin ajuste salarial y mayores exigencias en materia de reciclaje y sostenibilidad. Todo ello impacta directamente en costes, márgenes y capacidad operativa, con el riesgo añadido de generar una experiencia de consumo menos satisfactoria.
Como efecto espejo, la distribución asume estas tensiones. A los problemas ya conocidos —restricciones de la Distribución Urbana de Mercancías, falta de personal cualificado en reparto o presión logística— se suma una saturación creciente de promociones impulsadas por la industria, que no siempre se traduce en mayor rentabilidad. Las rutas se alargan, los costes aumentan y el margen no acompaña, denuncian en FEDIS.
Con este escenario, 2026 se perfila como un ejercicio, en el mejor de los casos, continuista. Los factores que han llevado al estancamiento actual no solo persisten, sino que se consolidan: climatología más extrema, cambios estructurales en el consumo y una clara preferencia por categorías de menor precio. Algunos analistas del sector no descartan incluso una fase recesiva en HORECA si se mantiene la acumulación de restricciones, costes y falta de personal.