La familia Conesa-Pago Guijoso concibe un chardonnay que marida con cualquier menú

La familia Conesa-Pago Guijoso concibe un chardonnay que marida con cualquier menú

Publicado el lunes 25 de abril del 2022
lunes 25 de abril del 2022

Desde las tierras manchegas de El Bonillo, en Albacete, la Familia Conesa-Pago Guijoso ha obrado un vino blanco único en España. Fiel a la inspiración afrancesada de la bodega, se trata de un chardonnay Finca La Sabina, dotado con una estructura capaz de acompañar cualquier plato. Expectativas que el propio director de la bodega, Pedro Carrascosa, se encarga de generar al asegurar que «hay muy poquitos vinos en el mundo que puedan llegar a esa calidad de blanco».

Elaborado a partir de una uva chardonnay originaria de Borgoña, la nueva creación de la Familia Conesa-Pago Guijoso, uno de los veinte selectos Pagos de España, se aprovecha de las excepcionales condiciones del terreno en el que se ubica la finca, una de las mejores de Europa. Sin duda una de las características que lo hacen más particular es el hecho de que los vinos broten de viñedos protegidos por guijarros, pero también lo son la altitud de más de 1.000 metros, la morfología del terreno y el clima.

La nueva creación de la bodega cuenta con una crianza de cinco año en barrica de roble francés, algo único en España

En palabras de Carrascosa, la suma de estos factores «favorece que tengamos un chardonnay único, con mucha frescura y acidez». Partiendo de esta materia prima y condiciones, hace unos años se atreverieron a desarrollar un vino como «no se ha hecho nunca en España». Pero, ¿qué hace tan especial a este blanco? Nada menos que una crianza de cinco años en barrica y un sexto en bodega.

«No hay tintos en España que tengan cinco años dentro de una barrica. Ni mucho menos blancos que, al no tener esa acidez, hace que cuando pasan ocho o diez meses en barrica empiezan a oxidarse, se caen y se desestructuran. Entonces, es imposible hacer unas crianzas tan largas si no tienes una materia primera tan potente», explica el director de la bodega familiar.

Para hacerse una idea, un vino gran reserva tinto, que es una de las crianzas más altas que hay en nuestro país, pasa dos años en barrica y tres en bodega. En el caso del chardonnay Finca La Sabina, pasa este lustro en barricas de roble francés. Las duelas de abajo, donde descansa el vino, están sin tostar para que no reciba aromas, mientras que las centales llevan un tostado ligero y las superiores uno plus. «Podemos estar durante mucho más tiempo poniendo guías a su expansión para que el vino vaya cofiendo más volumen», indican desde la bodega, que una vez al mes remueve las barricas y cada año se retiran 50 litros para refrescarlo.

El resultado es un blanco lleno de matices y complejidades que resulta mantequilloso en boca. El color es de un oro buscado y, al contrario que un blanco normal, se recomienda no tomarlo muy frío para apreciar mejor sus detalles. «En España hay blancos en Jerez que tienen tanta crianza como este, pero luego se destilan y se le añade alcohol para asubirlos de grado», concluye Carrascosa.

Dada la laboriosidad de todo el proceso, y siguiendo la filosofía de la bodega, Conesa-Pago Guijoso lanzará una edición limitada de 1.500 botellas de este vino, con un precio indiviual de 60 euros.

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