La fuerza del movimiento NoLO (No y Low Alcohol) se hace sentir en las destilerías. Ante la demanda creciente de un consumo más consciente en la sociedad, los fabricantes están empezando a centrarse en el desarrollo de alternativas sofisticadas.
No se trata de una moda pasajera. El cambio responde a una transformación estructural del consumo. Según la Basque Culinary Center, las bebidas NoLO crecen a un ritmo del 7% anual en España y se espera que alcancen una facturación de 3.300 millones de euros en 2028. Una evolución alineada con el progresivo descenso en la ingesta de alcohol: cada vez más consumidores reducen su consumo o directamente optan por eliminarlo, pero sin renunciar a la experiencia.
En este nuevo escenario, la industria de espirituosos ha entendido que el reto no es solo eliminar el alcohol, sino mantener —o incluso elevar— el valor gastronómico del producto. El resultado es una ola de lanzamientos que buscan sofisticar la categoría, con propuestas que trascienden la simple alternativa “sin”.
El fenómeno también se deja ver en el canal horeca
Uno de los ejemplos más ilustrativos es el de Zarro. La compañía madrileña ha reforzado su apuesta por el 0,0 con Zarro Sin Alcohol, una referencia que ha cobrado protagonismo en la 39ª edición del Salón Gourmets. Allí, el maestro coctelero Juan Carlos Muñoz, presidente de la Fundación de Asociaciones de Bartenders de España, mostró la versatilidad del producto no solo en coctelería, sino también en formatos inesperados como piruletas o uvas aromatizadas.
La marca ha ido un paso más allá al explorar su aplicación en pastelería junto a Nunos Pastelería, con elaboraciones que integran el vermut sin alcohol en recetas complejas. Desde bombones con espuma de vermut hasta milhojas o bizcochos borrachos reinterpretados en clave 0,0, el mensaje es claro: el NoLo ya no es sustituto, es ingrediente.
Esta diversificación conecta con una tendencia más amplia en la industria. Firmas como Komvida han reforzado su posicionamiento en el segmento con el lanzamiento de nuevos espumosos sin alcohol y 100% naturales, ampliando el territorio de consumo más allá de la kombucha tradicional y acercándose a momentos propios del vino o el cava.
En paralelo, el mundo de los destilados también experimenta. Propuestas como Latitude 23.5N abren una nueva frontera en la ginebra low alcohol, apostando por perfiles aromáticos complejos con menor graduación. La clave está en mantener la ritualidad del combinado —el gin-tonic, en este caso— pero adaptado a un consumidor que prioriza el equilibrio.

El fenómeno también se deja ver en el canal horeca, donde marcas como Croft Twist están impulsando referencias low alcohol en espacios de consumo social como Madrid, consolidando la categoría como una opción habitual en carta y no solo como alternativa puntual.
Detrás de todos estos movimientos subyace un cambio cultural. El consumidor ya no busca únicamente reducir alcohol, sino elegir cuándo, cómo y cuánto beber, sin renunciar al sabor ni a la experiencia. Esto obliga a las marcas a repensar desde la formulación hasta el storytelling.
Así, el NoLo se posiciona como uno de los vectores de innovación más dinámicos del sector de bebidas. Un territorio en el que convergen salud, gastronomía y ocasión de consumo, y que está obligando a los fabricantes de espirituosos a reinventarse. Porque, en este nuevo paradigma, bajar grados no significa rebajar ambición.