Las bodegas españolas han comenzado a mover ficha. Freixenet ha cambiado su denominación corporativa en España, Cepa 21 acaba de incorporar inteligencia artificial para asesorar a quienes no saben qué vino elegir y Codorníu ha decidido llevar su universo de marca al aperitivo sin alcohol. Son movimientos diferentes, pero responden a una misma necesidad: volver a resultar relevantes para un consumidor que está cambiando sus hábitos y que cada vez bebe menos vino.
La transformación también se aprecia en el exterior de las botellas. Mar de Frades ha rediseñado uno de sus elementos más reconocibles, su botella azul; Viñas del Vero ha renovado su identidad de marca y otras bodegas están recurriendo al diseño y al arte para actualizar la presentación de sus referencias. El sector busca nuevas maneras de llamar la atención en un mercado en el que la tradición, por sí sola, ya no parece suficiente para garantizar la conexión con el público.
El contexto explica parte de esta aceleración. El consumo aparente de vino en España cayó un 8,1% en los doce meses comprendidos entre agosto de 2025 y julio de 2026, hasta situarse en 8,96 millones de hectolitros. El retroceso supone la pérdida de casi 791.000 hectolitros en un año y devuelve el mercado nacional por debajo de la barrera de los nueve millones. La hostelería tampoco escapa a esta tendencia: sus ventas en volumen descendieron un 3,5% y su facturación retrocedió un 3,7%, según los datos de la Organización Interprofesional del Vino de España.
En este escenario, las bodegas están explorando distintas vías para defender su posición comercial. Algunas empiezan por la identidad corporativa; otras buscan nuevos consumidores a través de la tecnología, diversifican su oferta o revisan el lenguaje visual con el que se presentan en los lineales.
Freixenet se convierte en Freixenet Iberia
Uno de los movimientos corporativos más visibles lo ha protagonizado Freixenet. El pasado agosto, Grupo Freixenet anunció que su unidad de negocio responsable del mercado español pasaba a denominarse Freixenet Iberia. El cambio pretende reforzar sus raíces en el Penedès y reflejar su papel dentro del mercado ibérico, además de facilitar una mayor alineación empresarial en España y Portugal.
La modificación, sin embargo, tiene un alcance concreto. Afecta a la denominación de la unidad corporativa, no a la marca comercial Freixenet, cuya identidad y posicionamiento internacional permanecen sin cambios.
La pérdida de volumen, especialmente visible en el consumo de vino tinto y en la hostelería, obliga a explorar nuevas fórmulas para mantener la relevancia comercial
La compañía ha aprovechado también este movimiento para presentar en España la nueva identidad corporativa global de Henkell Freixenet, que se está implantando progresivamente en los diferentes mercados del grupo. La operación combina, por tanto, una reivindicación de los orígenes locales con la voluntad de proyectar una estructura empresarial de dimensión internacional.
No es un simple cambio de nombre. En un grupo que opera en diferentes mercados y reúne distintas marcas de espumosos, la identidad corporativa también funciona como herramienta para ordenar su estructura y comunicar su dimensión.
De la botella al algoritmo: Cepa 21 incorpora inteligencia artificial
La tecnología se ha convertido en otra de las vías que exploran las bodegas para acercarse al consumidor. El ejemplo más reciente es Cepa 21, el proyecto de José Moro en Ribera del Duero, que ha presentado LIA, un recomendador de vinos basado en inteligencia artificial.
La herramienta, desarrollada junto a Cima Digital, funciona como un asistente virtual integrado en la página web de la bodega. A través de una conversación en tiempo real, los usuarios pueden plantear preguntas y recibir recomendaciones adaptadas a sus gustos, necesidades y circunstancias.
LIA no se limita a sugerir una botella. También puede ayudar a calcular cuántas unidades se necesitan para una celebración, encontrar un vino para regalar, resolver dudas sobre las diferentes referencias o descubrir las experiencias de enoturismo de la bodega.

La iniciativa intenta trasladar al entorno digital una función que tradicionalmente ha desempeñado el sumiller o el personal especializado en el punto de venta: orientar al cliente ante una oferta que puede resultar compleja para quien no tiene conocimientos específicos.
La elección del nombre tampoco es casual. LIA combina las palabras lías e inteligencia artificial, conectando un concepto propio de la elaboración enológica con la tecnología que da vida al asistente.
La apuesta evidencia que la innovación de las bodegas ya no se concentra exclusivamente en el viñedo o en los procesos de elaboración. También alcanza la experiencia de compra, la prescripción y la capacidad de convertir una visita digital en una oportunidad comercial.
Codorníu amplía su territorio hacia el 0,0%
Otra de las grandes transformaciones tiene que ver con el contenido de las botellas. Codorníu ha presentado su Spritz 0,0%, una nueva propuesta que amplía su catálogo de bebidas sin alcohol y traslada el concepto del aperitivo mediterráneo a un público que busca alternativas sin graduación.
La nueva referencia está elaborada a partir de vino espumoso de la bodega y uva propia, sometido posteriormente a un proceso de desalcoholización. La receta, desarrollada por el equipo de enología de la compañía, presenta un perfil cítrico y aromático, con un color naranja intenso, y está concebida como una bebida lista para servir.
El lanzamiento se incorpora a la gama Zero de Codorníu y responde a una tendencia que está ganando espacio en el mercado de bebidas. La moderación en el consumo de alcohol, la búsqueda de nuevas ocasiones de consumo y el crecimiento de las alternativas sin graduación están llevando a las compañías tradicionales a explorar categorías que hace unos años ocupaban un lugar secundario en sus estrategias.
Según los datos difundidos por Raventós Codorníu, las bebidas sin alcohol crecieron un 5,71% en valor en España durante el primer trimestre de 2026, de acuerdo con NielsenIQ.
Para una marca históricamente vinculada al cava, el movimiento supone ampliar su territorio comercial sin abandonar del todo su universo de origen. El aperitivo, la celebración y el consumo social siguen siendo los códigos de comunicación, pero el producto se adapta a una ocasión en la que el alcohol deja de ser imprescindible.
Una nueva piel para competir en el lineal
La renovación visual es otra de las respuestas que está ganando protagonismo. Las bodegas buscan diferenciarse en una categoría con una oferta extensa, en la que el diseño de la botella y la etiqueta constituye uno de los primeros puntos de contacto con el comprador.
Mar de Frades ha rediseñado recientemente su icónica botella azul de albariño. La bodega gallega, perteneciente a Zamora Company, ha mantenido elementos reconocibles como el color azul y la ola, pero ha evolucionado la silueta y el acabado del envase para reforzar su personalidad y su vinculación con el océano Atlántico.
La operación también tiene una vertiente industrial y medioambiental: el nuevo diseño optimiza el uso de vidrio en el packaging, incorporando la sostenibilidad a una decisión que afecta directamente a uno de los principales activos visuales de la marca.
Viñas del Vero, por su parte, ha iniciado una nueva etapa con una renovación integral de su identidad. La bodega del Somontano presentó en febrero de 2026 una imagen que busca recuperar el vínculo con su origen natural y territorial, articulada alrededor del concepto «La pura expresión del río Vero». La compañía plantea un nuevo posicionamiento de marca, apoyado en la autenticidad, el respeto por la tierra y la expresión de las variedades.
También en Rioja, Bodegas LAN renovó su plataforma de marca en 2025 para construir una identidad más contemporánea y acercarse a nuevos consumidores, después de cinco décadas de trayectoria. La bodega, integrada en el grupo portugués Sogrape, defendió entonces la necesidad de desarrollar propuestas diferentes para un mercado que evoluciona con rapidez.
Otros proyectos optan por introducir el arte en la etiqueta como elemento diferenciador. Es el caso de Terras Gauda, que encargó al diseñador e ilustrador Javier Mariscal la nueva imagen de su albariño Abadía de San Campio, o de Remírez de Ganuza, que recurrió a la artista Adriana Oliver para vestir su vino Erre Punto con una propuesta visual de inspiración contemporánea.
En 2026, El Grifo también ha renovado la imagen de su vino George Glas, utilizando como referencia un libro antiguo conservado en la biblioteca del museo de la bodega. La nueva etiqueta pretende explicar mejor la historia que se esconde detrás del nombre de la referencia.
Son estrategias diferentes, pero comparten una misma lógica: convertir la botella en un soporte de comunicación capaz de transmitir algo más que la denominación, la variedad o la añada.
Rioja abre la puerta a bodegas más pequeñas
La transformación no se limita a las empresas. Las propias denominaciones de origen están revisando algunas de sus normas para adaptarse a la realidad económica y empresarial del sector.
Uno de los cambios más recientes se ha producido en la DOCa Rioja. El Ministerio de Agricultura ha dado respaldo normativo a una modificación que elimina los requisitos mínimos de existencias para obtener la consideración de bodega criadora.
Hasta ahora, para acceder a esta condición y poder elaborar vinos con las menciones Crianza, Reserva y Gran Reserva, las bodegas debían disponer de al menos 225 hectolitros de vino en proceso de envejecimiento. Además, como mínimo la mitad de ese volumen tenía que encontrarse en un conjunto de 50 barricas.
La nueva regulación elimina esas exigencias de volumen y número de barricas. La modificación, aprobada por unanimidad por el Pleno del Consejo Regulador el pasado julio, entró en vigor el 19 de octubre de 2026, tras su publicación en el Boletín Oficial del Estado.
El objetivo es facilitar la actividad de pequeños proyectos, nuevos operadores y jóvenes elaboradores, además de favorecer el emprendimiento y el relevo generacional. La denominación sostiene que la flexibilización administrativa no supone una modificación de los estándares de calidad asociados a sus categorías de envejecimiento.
La medida forma parte de la Agenda Somos Rioja y refleja una preocupación creciente por adaptar la estructura de la denominación a un tejido empresarial que ya no responde exclusivamente al modelo de grandes bodegas con importantes volúmenes de almacenamiento.
Ribera del Duero y los límites de la excelencia
En Ribera del Duero también se ha producido recientemente un movimiento relacionado con sus criterios de calidad, aunque en este caso conviene distinguirlo de una flexibilización normativa.
El Consejo Regulador ha otorgado a la añada 2025 la calificación de Muy buena, pese a que el Comité Excepcional de Calificación había trasladado una propuesta correspondiente a la categoría de Excelente.
El Pleno decidió no conceder la máxima distinción al considerar que la cosecha no reunía todos los requisitos exigidos para alcanzar esa categoría. La decisión se adoptó por unanimidad después de valorar las catas de los vinos representativos de la campaña, los informes técnicos y las muestras de rosados y claretes.
La distinción es relevante porque muestra que, en paralelo a los cambios comerciales y a la adaptación de las estructuras empresariales, las denominaciones también tienen que preservar la credibilidad de sus sistemas de clasificación.