Codorníu mejora su facturación en 2021 superando los 123 millones de euros

El cava pierde botellas, pero Codorníu y Freixenet ganan dinero con el cambio de negocio

miércoles 23 de septiembre del 2026 | 04:09

En esta noticia se habla de:

El negocio del cava está cambiando. El espumoso español cerró 2025 con 190 millones de botellas comercializadas, un 12,88% menos que un año antes, mientras la facturación del sector cayó un 10%, hasta los 2.048 millones de euros. La sequía explica buena parte de la contracción: durante los últimos años la menor disponibilidad de uva ha limitado la capacidad productiva de las bodegas.

Pero debajo de ese desplome de volumen hay otra realidad. Los Cavas de Guarda Superior —Reserva, Gran Reserva y Cava de Paraje Calificado— crecieron un 1,41% en 2025. Y en 2024, cuando el mercado ya sufría las consecuencias de la sequía, el cava ecológico había crecido un 15,2%. Es decir, mientras desaparecen botellas del mercado, las categorías de mayor valor añadido resisten y ganan peso.

La evolución de sus dos grandes nombres empresariales ofrece una fotografía todavía más reveladora. Raventós Codorníu acaba de presentar el mejor ejercicio de su historia en rentabilidad, mientras que Freixenet afronta una nueva etapa tras haber pasado a manos del grupo alemán Henkell al 100%. Las dos compañías han dejado atrás el modelo familiar que durante décadas marcó el devenir del cava, pero no están siguiendo exactamente el mismo camino.

Codorníu: de empresa familiar en dificultades a máquina de rentabilidad

La transformación de Raventós Codorníu es probablemente el mejor contrapunto a la tesis de que el cava es un negocio condenado.

Cuando Carlyle entró en 2018, adquirió el 68% de Unideco, matriz de Codorníu, en una operación que valoraba la compañía en 390 millones de euros. El fondo justificó entonces la operación como una vía para impulsar la internacionalización y dar continuidad a una estrategia basada en marcas de valor y prestigio. Ocho años después, el resultado empresarial es muy diferente al punto de partida.

Raventós Codorníu cerró su ejercicio julio 2025-junio 2026 con 234 millones de euros de ventas brutas y 197 millones de facturación neta, ligeramente por encima del ejercicio anterior. Pero la verdadera evolución está en el resultado operativo: el EBITDA alcanzó los 46 millones de euros, un 5% más, y el mayor de la historia de la compañía. Además, el beneficio neto previsto se sitúa en 14 millones de euros.

La comparación con el punto de partida es todavía más significativa: desde 2019-2020, el EBITDA se ha más que duplicado, con un crecimiento acumulado del 130%, mientras que el beneficio ha pasado de pérdidas de 11 millones a los actuales 14 millones de euros.

La clave está en haber dejado de perseguir únicamente volumen. La compañía señala la premiumización, la disciplina financiera y la sostenibilidad como los tres pilares de su transformación. El EBITDA sobre ventas ya alcanza el 23%, frente al 22% del ejercicio anterior.

El cambio también se observa en el producto. El valor medio por botella de Raventós Codorníu ha aumentado un 10% en cinco años y un 2% durante el último ejercicio. La colección premium Codorníu Ars Collecta, por ejemplo, creció un 25% en restauración. De esta forma, en un mercado en el que el volumen ha dejado de ser una garantía de crecimiento, cada botella tiene que aportar más valor.

Codorníu ya no es solo cava

Hay otro factor que explica la evolución del grupo: Raventós Codorníu ya no depende exclusivamente del cava. Su cartera combina marcas como Codorníu, Raimat, Viña Pomal, Scala Dei, Parxet, Abadía de Poblet o Legaris. Del total de su producción, un 59% corresponde a cava, un 39% a vino y un 2% a bebidas no y low alcohol. Además, comercializa más de 55 millones de botellas al año en más de 63 países.

El mercado internacional representa ya el 41% de las ventas, frente al 57% del mercado nacional y un 2% del canal digital. Brasil, por ejemplo, multiplicó sus ventas un 207% durante el último ejercicio. Bélgica creció un 10%, Países Bajos un 8% y Latinoamérica un 15%. La estrategia hace que el cava deje de competir exclusivamente por precio.

Raventós Codorníu comercializa 16 millones de botellas de cava ecológico al año y se presenta como el mayor elaborador mundial de cava ecológico. El 100% de la marca Codorníu es ecológica desde 2023.

Codorníu está utilizando la premiumización para elevar la rentabilidad

La compañía, además, ha seguido invirtiendo 14 millones de euros anuales en personas, marcas, innovación y sostenibilidad y cuenta con más de 600 profesionales. El enoturismo también se ha convertido en una pata creciente del negocio: más de 139.000 visitantes durante el último ejercicio, récord histórico, y un incremento del 4% en ventas.

El otro gigante: Freixenet cambia definitivamente de manos

Si Codorníu está utilizando la premiumización para elevar la rentabilidad, Freixenet acaba de cerrar otro de los grandes capítulos de la transformación empresarial del cava.

En marzo de 2026, Henkell se hizo con el 100% de Freixenet después de adquirir el 50% que todavía permanecía en manos de la familia Ferrer y José Luis Bonet. La operación culminó ocho años después de la entrada del grupo alemán en la compañía.

La operación no supone simplemente un cambio accionarial. Supone el cierre definitivo de una etapa en la que Freixenet todavía mantenía capital familiar español y la consolidación de la bodega dentro de un grupo internacional de vinos y espumosos.

Henkell Freixenet facturó 1.250 millones de euros en 2025, un 0,5% más que el año anterior. Pero la evolución de la marca Freixenet fue diferente: sus ingresos globales retrocedieron un 4%, principalmente por el comportamiento del cava. La compañía atribuye esta evolución al impacto de la sequía en el Penedès, la menor disponibilidad de producto y los efectos de los aranceles estadounidenses.

A diferencia de Codorníu, Freixenet ya forma parte de un gigante mundial de los espumosos y su estrategia no se juega únicamente en el cava.

El grupo integra marcas como Mionetto, Alfred Gratien, I Heart Wines, Mangaroca Batida o Wodka Gorbatschow y trabaja con distintas categorías: cava, prosecco, sekt, champagne, crémant, vinos tranquilos, licores y combinados. En otras palabras, para Henkell Freixenet, el cava es una pieza estratégica dentro de una cartera global de bebidas.

Dos antiguos rivales, dos modelos empresariales diferentes

La paradoja es que Codorníu y Freixenet se han alejado de sus orígenes familiares justo cuando el sector atraviesa una de sus mayores transformaciones.

En 2018, Freixenet se integró con Henkell mediante una estructura accionarial inicialmente paritaria. En 2026, la compañía alemana ha terminado adquiriendo el 100%. Ese mismo año, Carlyle tomó el control de Codorníu. Y en 2025 el fondo comenzó a estudiar alternativas estratégicas para su participación del 68%, incluida una eventual venta.

Sin embargo, la pérdida de control familiar no ha significado necesariamente el deterioro de las compañías. En el caso de Codorníu, los números cuentan incluso la historia contraria. Desde la entrada de Carlyle, las ventas han aumentado más de un 20%, el EBITDA un 77% frente al periodo prepandemia según la comparación comunicada por la compañía, y el beneficio ha pasado de pérdidas a ganancias.

El verdadero problema está debajo de la botella

El debate sobre el futuro del cava gira sobre una cuestión agrícola. El coste indicativo de producir un kilo de uva destinado a cava se sitúa en 2026 entre 0,53 y 0,56 euros, según el estudio elaborado por CREDA para el INCAVI.

La situación descrita por organizaciones agrarias en la vendimia de este año contrasta con esa referencia y ha abierto una fuerte disputa por el precio de la uva.

Pero conviene introducir otro matiz: el propio Consejo Regulador sostiene que la vendimia 2026 llega con perspectivas claramente mejores después de casi cuatro años críticos de sequía y ha aprobado una hoja de ruta para adaptar el sector al cambio climático y preservar el valor del producto.

Es decir, el problema no es que no exista mercado para el cava. El problema es cómo se reparte el valor generado por ese mercado a lo largo de la cadena.

El Cava sigue siendo un negocio de más de 2.000 millones de euros de actividad económica, con 37.299 hectáreas de viñedo, 6.200 familias de viticultores, 330 bodegas y alrededor de 12.000 empleos directos e indirectos. El 60% de las ventas se dirige al exterior y la denominación está presente en más de un centenar de países.

El cava pierde volumen, pero gana una batalla diferente

La caída de 218 millones de botellas en 2024 a 190 millones en 2025 es incontestable: 28 millones de botellas menos en apenas un año.

Sin embargo, una parte importante de esa caída está relacionada con la oferta y no necesariamente con el hundimiento de la demanda. El propio Consejo Regulador atribuye el descenso de 2025 fundamentalmente a las limitaciones productivas derivadas de la sequía. Y hay señales de que el consumidor está aceptando una estrategia de mayor valor.

Los Cavas de Guarda Superior crecieron un 1,41% en 2025. Los ecológicos ya representan el 19% de las ventas de la denominación. Y en España el cava mantiene el 73,8% del valor del mercado de espumosos, según los datos de Circana utilizados por la D.O.

Codorníu ya está recorriendo ese segundo camino. Freixenet forma parte de un grupo que puede jugar simultáneamente en cava, prosecco, champagne y otras categorías. Y una parte de las bodegas independientes está llevando todavía más lejos la apuesta por el posicionamiento premium.

Noticias Relacionadas: