La rentabilidad de Balfegó no se explica únicamente por el precio del atún rojo. Tampoco por la creciente demanda internacional de un producto que se ha convertido en un ingrediente de referencia para la alta gastronomía. Detrás del negocio hay algo menos visible pero decisivo, como es una compañía que lleva décadas construyendo un modelo de control de la cadena de valor en el que pesca, engorde, procesado, tecnología, trazabilidad y comercialización forman parte de una misma ecuación.
Los números empiezan a dibujar el resultado de esa estrategia. Balfegó, S.L. cerró 2024 con una cifra de negocio de 108,03 millones de euros, frente a los 91,15 millones del ejercicio anterior, un crecimiento del 18,5%. El beneficio neto pasó de 3,84 a 8,85 millones de euros, mientras que el resultado de explotación prácticamente se duplicó, desde 6,44 hasta 12,66 millones.
Y la evolución no se detuvo ahí. Según la información comunicada por la compañía, Balfegó cerró 2025 con unos ingresos cercanos a los 119 millones de euros, un 11% más que en 2024. La cifra se alcanzó además en un contexto internacional complejo y con una menor aportación del mercado estadounidense. Cerca del 80% de la producción se dirige ya a mercados internacionales y la compañía comercializa alrededor de 3.200 toneladas de producto.
Más facturación con una estructura industrial en transformación
Las nuevas instalaciones de L’Ametlla de Mar, fruto de una inversión de 35 millones de euros y con 12.000 metros cuadrados de superficie, permiten como mínimo duplicar la capacidad de procesado de la compañía. El complejo incorpora automatización y tecnología destinada a mejorar la eficiencia, reducir consumos y ampliar la gama de productos.
Este año ha presentado una línea de quinta gama para profesionales
La inversión no responde únicamente a la necesidad de procesar más atún. También pretende procesarlo de más maneras. Carpaccio, saku, tartar y otros formatos preparados amplían el terreno de juego de Balfegó desde la venta tradicional de atún rojo fresco o congelado hacia soluciones de mayor valor añadido. Es precisamente la lógica que está detrás de Balfegó Edition, la línea de quinta gama presentada este año para profesionales de la restauración.
La productividad empieza antes de que el atún llegue a la fábrica
El verdadero elemento diferencial del modelo está, sin embargo, aguas arriba. Balfegó ha construido una estructura de integración vertical que permite controlar diferentes etapas de la cadena: captura, transferencia, mantenimiento y alimentación de los ejemplares, procesado y comercialización. Desde 2014, Balfegó & Balfegó adquiere directamente el pescado a sociedades pesqueras y lo cede bajo contrato de maquila a Balfegó Tuna para su alimentación y engorde en las instalaciones acuícolas situadas frente a L’Ametlla de Mar. Posteriormente, el producto vuelve a la compañía para su procesado y distribución.
Esto significa que Balfegó no compite únicamente por comprar materia prima. Trata de controlar cómo se obtiene, cómo se conserva, cuándo se procesa y cómo se presenta al cliente.
La propia lógica del engorde es una pieza de productividad. Los ejemplares capturados se mantienen en las piscinas frente a la costa de L’Ametlla de Mar y se extraen cuando alcanzan el punto óptimo de grasa y según la demanda de los clientes.
4.045 toneladas y una pesca diseñada para seleccionar
La campaña de 2026 ilustra bien esta filosofía. Balfegó trabajó con una cuota asignada de 4.045 toneladas, una flota de 13 barcos de cerco y 26 embarcaciones auxiliares. La campaña terminó alcanzando el 100% de la cuota, después de 17 días efectivos de pesca.
La cifra permite dimensionar la capacidad operativa, con una cuota que equivaldría a unas 238 toneladas por día efectivo de pesca. Pero sería un error interpretar este dato como una carrera por capturar más rápido.
La compañía asegura que su estrategia prioriza la selección de ejemplares adultos y de mayor tamaño, incluso aunque la legislación permita capturas de menor peso. El denominado ‘protocolo Balfegó’ establece además límites a las capturas y transferencias diarias y busca reducir el impacto de la actividad.
Aquí aparece una de las claves del modelo: productividad no significa necesariamente velocidad. En Balfegó significa intentar que cada fase del proceso aporte valor al producto final.
De la trazabilidad como requisito a la trazabilidad como herramienta productiva
La última evolución de Balfegó lleva esta lógica un paso más allá: la compañía está utilizando la digitalización no solo para demostrar el origen del producto, sino para integrar al cliente en la propia cadena comercial.
En septiembre de 2026 anunció la implantación de un sistema de trazabilidad total del atún rojo que permite identificar cada pieza desde su captura hasta el consumo. La plataforma incorpora información sobre fecha y zona de captura, peso, longitud, nivel de grasa y certificados sanitarios, de calidad y sostenibilidad.
La tecnología también está entrando en los procesos internos. Según Balfegó, la integración de la plataforma AuraQuantic con sus sistemas ha permitido reducir un 80% los tiempos de determinados procesos y un 77% los errores, además de integrar la información con su ERP para automatizar la facturación.
Es un paso significativo: la trazabilidad deja de ser únicamente una herramienta de control o marketing para convertirse también en infraestructura operativa.
Vender menos manipulación
La entrada en quinta gama completa otra pieza del modelo. Balfegó Edition lleva al restaurante elaboraciones como tataki, carpaccio, tartar o gyozas, con una propuesta diseñada para reducir tiempos de cocina, mermas y necesidades de manipulación. La propia propuesta comercial destaca el ahorro de tiempo y costes de personal, el control del escandallo y una mayor flexibilidad de stock.
Aquí Balfegó vuelve a trasladar su concepto de productividad al eslabón profesional. Para la hostelería, el atractivo es transformar una materia prima premium y técnicamente exigente en referencias con una parte importante del trabajo ya resuelta.
Es, en cierto modo, la misma estrategia aplicada en dos extremos diferentes. En el origen, Balfegó controla la captura, el engorde y el momento de extracción. En la industria, controla el procesado. Y en el restaurante, empieza a controlar una parte de la preparación.