El VI Acuerdo Laboral Estatal de Hostelería (ALEH VI) introduce una batería de cambios que refuerzan la adaptación del sector a nuevas realidades laborales, sociales y climáticas. Entre todas las novedades, destacan dos por su impacto directo en el día a día de empresas y plantillas: la actualización del régimen disciplinario —especialmente en las faltas leves— y la creación de un protocolo específico frente a catástrofes y fenómenos meteorológicos adversos.
Uno de los cambios más concretos del nuevo texto afecta al artículo 38, donde se amplía y redefine el catálogo de faltas leves. El objetivo es clarificar conductas que hasta ahora podían generar interpretaciones dispares.
Entre las nuevas tipificaciones se incluyen aspectos muy ligados a la operativa actual de las empresas, como:
- No comunicar con rapidez una ausencia al trabajo.
- El uso indebido de sistemas de control horario en dos ocasiones.
- El deterioro leve de materiales por mala utilización.
- El uso del teléfono móvil o redes sociales durante la jornada sin autorización.
Esta actualización refleja una voluntad clara de adaptar el marco disciplinario a entornos más digitalizados y a nuevas formas de organización del trabajo, reforzando la seguridad jurídica tanto para empresas como para trabajadores.
El acuerdo introduce una gradación más definida en función de la reiteración de conductas
Además, el acuerdo introduce una gradación más definida en función de la reiteración de conductas, especialmente en el uso de sistemas de registro de jornada, que pueden escalar de falta leve a grave o muy grave según el número de incumplimientos.
Un protocolo inédito frente a fenómenos meteorológicos
La gran novedad estructural del ALEH VI es la incorporación de un nuevo capítulo completo (capítulo XIV) dedicado a la actuación frente a catástrofes y fenómenos meteorológicos adversos, algo inédito en convenios de este ámbito.
El protocolo tiene como objetivo proteger tanto a las personas trabajadoras como a la actividad empresarial ante eventos extremos, incorporando aprendizajes recientes, especialmente los derivados de la DANA de Valencia de 2024.
Entre sus elementos clave destacan:
- La referencia directa a los sistemas de alerta de la Agencia Estatal de Meteorología (AEMET), con niveles de riesgo (verde, amarillo, naranja y rojo) y recomendaciones asociadas.
- La posibilidad de acogerse a permisos retribuidos de hasta cuatro días en situaciones de riesgo grave (aviso rojo).
- La obligación de adaptar medidas preventivas según la ubicación del centro de trabajo y los riesgos específicos de cada zona.
- La previsión de planes de evacuación, kits de emergencia y canales de comunicación interna.
El texto también regula situaciones concretas, como la imposibilidad de desplazamiento al trabajo o la permanencia en el centro por motivos de seguridad, así como actuaciones posteriores a la catástrofe, incluyendo revisión de instalaciones y medidas higiénicas.
Un marco flexible para los convenios territoriales
Otra de las novedades que introduce el texto es la protección de la gestión de la diversidad en las empresas del colectivo LGTBI: En cumplimiento de la Ley 4/2023 y el RD 1026/2024, el ALEH integra ahora un conjunto planificado de medidas y recursos para garantizar la igualdad real y protocolos específicos contra el acoso y la violencia hacia las personas LGTBI en los centros de trabajo.
El acuerdo no se plantea como un marco cerrado. De hecho, refuerza la idea de que muchas de estas materias —incluido el propio protocolo de catástrofes— deben ser desarrolladas en niveles inferiores de negociación colectiva.
Esto abre la puerta a adaptaciones territoriales en función de riesgos específicos, desde zonas inundables hasta fenómenos climáticos propios de determinadas regiones.
Lo que queda fuera: una negociación aún abierta
Junto a los avances, el ALEH VI también deja temas relevantes fuera del texto final. Así lo reconoce Emilio Gallego, secretario general de Hostelería de España, quien señala que cuestiones como el absentismo siguen en la mesa de diálogo sectorial.
“Esto lo tenemos ahí establecido y estamos pendientes de tener una reunión sobre estas cuestiones”, explica. También admite que uno de los puntos que no ha logrado incorporarse con fuerza es la modernización de las categorías profesionales: “Quizá no hemos sido capaces de trasladar suficientemente la idea al resto para que se incorporara de una manera más potente”.
Pese a ello, Gallego defiende que el convenio avanza en la buena dirección y refleja una evolución progresiva del sector, aunque reconoce cierta autocrítica: “A lo mejor no somos todo lo rápidos que deberíamos ser. Deberíamos haber sido más ágiles”.
En cuanto al nuevo protocolo climático, destaca su carácter pionero y su potencial como referencia: un instrumento que, además de responder a necesidades actuales, puede marcar el camino para futuros desarrollos en otros ámbitos de la negociación colectiva.

