Lorenzo Caprile: «A veces las suites presidenciales son caramelitos envenenados»lo

Lorenzo Caprile: «A veces las suites presidenciales son caramelitos envenenados»lo

Publicado el viernes 22 de abril del 2022
viernes 22 de abril del 2022

Si la vida fuera un restaurante, apenas figurarían platos en el menú. Casi todo se encontraría fuera de carta. A veces en forma de sugerencias, otras como especialidades de la casa. Por la mesa irían pasando platos y botellas con mejores o peores intenciones, aunque muy pocos tendrían la capacidad de sorprender al comensal. Por suerte todo mejora con una buena compañía, sobre todo aquella que consigue inundar la sala con su presencia, incluso siendo inesperada. Porque ya se sabe que lo importante no siempre es comer, sino hablar de ello.

Puede que Lorenzo Caprile se libere del acerico cuando toma asiento ante la mesa, pero nunca pierde la agudeza al hablar. El diseñador, uno de los más prestigiosos del panorama nacional, reside desde hace catorce años en un hotel del madrileño barrio de Chamberí. Se declara de gustos sencillos a la hora de comer y viajar.

¿Experimentos entre fogones o comida por encargo?

Comida por encargo.

Esa receta por la que en casa querían poner un restaurante. 

Desgraciadamente ninguna.

¿De qué sí hay que hablar en la mesa? 

Del tiempo.

En la mesa, o en la vida: ¿con qué no traga?  

Con las incoherencias y el mal gusto.

Templo para darse un placer…

Cualquier librería.

Tu mejor momento en un restaurante.

Depende del restaurante.

¿Con quién tiene pendiente una comida?

Sinceramente con nadie.

¿Cuál es su boccato di cardinale?   

Una buena tortilla de patata… con cebolla y con huevos de verdad, no con la huevina que es una guarrada.

¿Destilado o fermentado?

No bebo alcohol.

Sobremesa: ¿creyente o practicante?

Practicante.

¿En qué restaurante has disfrutado algo más que la comida?

En el de mi barrio, “El Bogotá”.

¿Qué lectura es la mejor compañía si hay que comer a solas?  

Un periódico.

¿Con qué (detalle) gana un hotel la quinta estrella? 

Con una insonorización a prueba de bomba, sin niños ni perritos…

¿Lugar al que volver una y otra vez?

Florencia.

¿Qué hace de una estancia algo inolvidable?

La compañía.

¿Hay vida después de una suite presidencial?

Por supuesto. A veces las suites presidenciales son caramelitos envenenados.

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