En la agitada coctelera de la rutina hostelera, las sensaciones siempre van por delante de las razones. Desde hace tiempo la gran conversación en bares y círculos del sector gira en torno al consumo: que si la gente ya no sale tanto, que si cuando salen piden para compartir… Desde el bar de barrio a la cadena en pleno centro de la ciudad hablan de enfriamiento en la demanda, sin que queden del todo definidas las causas que lo explican.
El Anuario 2025 de Hostelería de España permite arrojar un diagnóstico algo más claro respecto al sentimiento de intranquilidad que recorre al sector. Aunque el balance anual apunta a una evolución positiva, el 2025 está marcado por una moderación en el ritmo de crecimiento desde comienzos de año. El crecimiento de entre el 2 y el 4% que se proyecta para el conjunto del ejercicio corresponde básicamente al dinamismo del alojamiento, frente a una restauración que avanza a menor intensidad.
Este freno coyuntural se explica por la disparidad entre el consumo entre el comportamiento del turismo y el consumo del residente. Mientras que el turismo internacional sigue aportando dinamismo —con cifras de viajeros que, aunque desaceleradas, se mantienen en niveles elevados—, el consumo cotidiano de los españoles fuera del hogar muestra signos de contención. «Los consumos vinculados a momentos de turismo tienen más crecimiento que unos diarios que se mantienen estancados y caen en cifras de producción», señala Emilio Gallego, secretario general de la patronal.
El consumo cotidiano de los españoles fuera del hogar muestra signos de contención
Entre septiembre de 2024 y 2025 la productividad en alojamiento mantuvo un crecimiento medio por encima del 4%, mientras que la restauración se movió en niveles negativos. Esta tendencia se acentúa todavía más en términos de cifra de negocio, con el primer segmento situándose cerca del 8% y el segundo prácticamente plano.

El informe expone que esta estabilización en bares y restaurantes responde a una desaceleración del gasto y a una reducción del ticket medio, en un contexto influido por el aumento de costes y la pérdida de poder adquisitivo de los hogares. Factores como la inflación, el encarecimiento de las materias primas o la presión fiscal han limitado la capacidad de consumo. Además, episodios climáticos adversos —como las olas de calor— han afectado negativamente al consumo en terrazas durante el verano. En contraste, el turismo internacional sigue marcando cifras récord en llegadas y gasto, aunque desde mayo se aprecia cierta pérdida de dinamismo.
En general, el consumo en fin de semana mantiene el ritmo, pero no compensa con la caída de la actividad entre semana. Según Gallego, «pesan mucho las dificultades del menú del día y que el teletrabajo ha eliminado ese parón para el café en el trabajo. Esos menores momentos de consumo van generando una reducción en la producción».
Por tanto, la restauración del día a día se enfrenta a una contención del gasto medio del consumidor, reflejo de un contexto marcado por el encarecimiento de las materias primas, la inflación y la pérdida de poder adquisitivo de los hogares. Este contexto ha generado que las expectativas y la confianza empresarial sean más prudentes, aunque la mayoría de empresas confían en cerrar con cifras de negocio superiores a las del año anterior. O al menos así lo reflejan los datos de AECOC o Circana, donde ocho de cada diez hosteleros espera mejorar sus cifras de ventas, pero debido principalmente a la actualización de precios y no tanto por tráfico.
Para muestra de esta situación, el botón representativo de Madrid. Si bien la aportación del Valor Añadido Bruto a la riqueza de la región se sitúa ya en el 4,1%, porcentaje muy inferior al de zonas eminentemente turísticas como Baleares o Canarias, su cifra de ingresos apenas aumentó un 0,5 en 2025. «Aunque el turismo va muy bien, pesa mucho el consumo de los residentes a diario y ahí es donde se muestra que el consumo no va en la misma línea«, destacan desde Hostelería de España.