Sobre el auditorio principal de HIP – Horeca Professional Expo, Oscar Pierre no habló de consolidación, sino de despegue. Tras una década que define como “de supervivencia”, el fundador de Glovo anticipa diez años de crecimiento masivo. Más que una intuición, se trata de una lectura estratégica de datos, hábitos y tecnología.
“Somos muy pequeños aún”, ha asegurado Pierre en una entrevista con Erika Silva, directora del congreso. Puede sonar contraintuitivo para una compañía presente en 23 países y con 50 millones de usuarios anuales, pero ve que el mercado todavía está lejos de su techo.
En España, entre dos y tres millones de personas prueban el delivery por primera vez cada año. El ritmo de penetración sigue siendo altísimo. Y, si miramos el consumo per cápita, el margen es evidente: en España se realizan entre 2 y 3 pedidos por persona al año. En Reino Unido la cifra ronda los 8; en Corea del Sur alcanza los 25; en China supera los 35. “Sabemos que llegaremos allí”, afirma.
La clave no es solo sumar nuevos usuarios, sino aumentar la frecuencia. El usuario que hoy pide una vez al mes —el clásico pedido con amigos cuando juega su equipo de fútbol— puede convertirse en cliente semanal si el servicio mejora y el precio acompaña. Más calidad, más eficiencia, menos coste: más recurrencia.
El e-commerce será inmediato
Para Pierre, el futuro del delivery está íntimamente ligado al futuro del e-commerce. Y ese futuro es inmediato. “No pediremos cosas online para que lleguen en días; la mayoría llegarán en minutos.” Dentro de esta visión, se vuelve fundamental aprovechar la infraestructura logística, la base de usuarios y la red de partners para convertir la compra online en una experiencia instantánea.
Actualmente en la app conviven restauración, supermercados, floristerías, farmacias o tiendas deportivas. Millones de referencias al mismo precio que en cualquier web, pero entregadas en cuestión de minutos. La oportunidad de crecimiento, especialmente en frecuencia, es enorme.
Supermercado: el gran campo de batalla
Si hay una categoría estratégica, es el supermercado. El viaje del usuario suele comenzar en restauración —especialmente el fin de semana— y evolucionar hacia nuevos casos de uso: entre semana en la oficina, una cena familiar, comida en la piscina. El siguiente gran paso es la primera cesta de supermercado.
Actualmente, Glovo lidera en número de pedidos de supermercado en España, por delante de operadores tradicionales como Mercadona o El Corte Inglés. Son cestas más pequeñas, pero más frecuentes. Y en un sector donde solo el 2% de las ventas es online, el potencial es masivo.
El dato relevante no es solo el volumen, sino el comportamiento: cuando un usuario incorpora el supermercado a su rutina digital, comienza a explorar otras categorías. El delivery deja de ser ocasional y se convierte en hábito.
Más tecnología, menos coste
Pierre prevé una industria mucho más grande y más eficiente gracias a la automatización. Desde la gestión operativa hasta la robotización de flotas y call centers, pasando por cocinas cada vez más automatizadas —especialmente en Asia y Estados Unidos—, el objetivo es reducir costes estructurales.
Fueron los usuarios de Glovo quienes inclinaron la balanza hacia la restauración
La consecuencia será directa: precios más bajos para el usuario final. El fundador no duda en una afirmación ambiciosa: en el futuro, pedir a través de plataformas podría ser incluso más barato que cocinar en casa, si se tiene en cuenta el coste de la compra, el desperdicio y el tiempo invertido.
Aprender a cerrar para poder liderar
No todo han sido aciertos. Uno de los errores que reconoce es una expansión internacional demasiado ambiciosa en determinados momentos. La compañía llegó a operar en 40 países, aunque hoy su portfolio se ha consolidado en 23 mercados donde ostenta posiciones de liderazgo.
En un negocio de marketplace hiperlocal, ser la marca líder en cada ciudad genera eficiencias decisivas. Expandir rápido es importante; saber cerrar a tiempo, imprescindible tras un periodo en el que abrían un mercado local cada dos días.
Paradójicamente, esa agilidad también definió su product-market fit inicial. La idea original de la compañía era “pedir lo que quieras”. Fueron los usuarios quienes inclinaron la balanza hacia la restauración. Escuchar, pivotar y no enamorarse de la primera idea fue determinante.
Talento, ambición y narrativa global
Pierre empezó con 22 años y sin experiencia empresarial. Su prioridad fue atraer talento excepcional desde el primer día, consciente de que el delivery es un “detail business”: para que un pedido llegue en 25 minutos, caliente y sin errores, cientos de microprocesos deben ejecutarse con precisión quirúrgica.
El otro gran factor fue la ambición. Explicar al mundo que desde Barcelona se podía construir un líder tecnológico global —capaz de competir con gigantes internacionales— fue clave para levantar más de 1.000 millones de euros en financiación en un momento en el que pocos creían en el proyecto.
Digitalización del pequeño comercio
Más allá del crecimiento propio, la compañía se posiciona como agente de digitalización. Con 150.000 merchants activos, para muchos pequeños comercios la plataforma es su primer y único canal digital.
En los últimos años, se han desarrollado herramientas publicitarias y soluciones de visibilidad para que marcas emergentes puedan competir en el entorno online. La lógica es clara: en el supermercado digital, estar en la primera cesta es decisivo. La repetición es mucho más probable cuando la experiencia inicial es satisfactoria.