San Ginés Sevilla

San Ginés llega a Sevilla con el reto de replicar su mítica experiencia

jueves 5 de noviembre del 2026 | 00:11

Hay marcas que trascienden su actividad gastronómica para convertirse en parte de la identidad de una ciudad. Es el caso de Chocolatería San Ginés, fundada en Madrid en 1894 y convertida, 132 años después, en una de las instituciones más reconocibles de la hostelería madrileña. Ahora, la compañía prepara un nuevo capítulo de su crecimiento con su llegada a Sevilla, una plaza en la que quiere trasladar su particular manera de entender el chocolate con churros sin entrar en competencia con la tradición hostelera local.

La apertura se producirá en el número 10 de la calle Álvarez Quintero, junto a la Plaza del Salvador, en pleno casco histórico sevillano. La elección del emplazamiento no es casual. La marca busca instalarse en un entorno donde la historia, la actividad comercial y la vida social conviven desde hace siglos, en sintonía con el recorrido de una casa que lleva más de un siglo formando parte del paisaje cotidiano de Madrid.

«Sevilla es una ciudad con la que, como familia, siempre hemos tenido una relación muy especial y un gran cariño», explican sus responsables. Una idea que llevaba tiempo rondando a la familia propietaria y que finalmente se materializa en una ciudad que consideran especialmente afín a los valores de San Ginés: tradición, cultura e historia. A ello se suma la convivencia entre una población local muy vinculada a sus costumbres y un turismo cada vez más presente, una combinación que la compañía considera atractiva para desarrollar su propuesta.

Crecer sin competir con la hostelería local

La llegada a Sevilla responde, por tanto, a una estrategia de crecimiento que busca apoyarse en la afinidad cultural entre ambas ciudades. Sin embargo, San Ginés quiere evitar que su desembarco se interprete como una operación para disputar cuota de mercado a los establecimientos que ya forman parte del tejido hostelero sevillano.

«No venimos a competir con nadie, sino a sumar», aseguran sus responsables. El objetivo pasa por dar a conocer la marca a los sevillanos y a quienes visitan la ciudad, trasladando una experiencia que permanece prácticamente inalterada desde sus orígenes: sentarse alrededor de una mesa y disfrutar de un chocolate con churros como se hace en San Ginés desde 1894.

La compañía sitúa precisamente ahí su principal expectativa de negocio. Más allá de las previsiones de ventas o de la captación de público, busca que el establecimiento consiga convertirse en un lugar de encuentro y que la visita deje un recuerdo positivo. «Lo que más deseamos es que la gente nos conozca, nos pruebe y se vaya con una sonrisa», señalan. Una declaración que refleja la voluntad de construir una presencia estable en la ciudad, en lugar de limitarse a capitalizar el atractivo turístico de su nombre.

La marca destaca un doble reto: la gestión diaria de su principal establecimiento madrileño y la identificación de nuevas oportunidades de expansión

La propuesta tampoco se circunscribe exclusivamente a sus dos productos más reconocibles. Aunque el chocolate con churros y las porras elaboradas al momento constituyen el núcleo de su oferta, San Ginés cuenta con otras elaboraciones, como delicias de chocolate, trufas, tabletas, especialidades de alta chocolatería y repostería artesanal. Un catálogo con el que amplía las ocasiones de consumo y refuerza su posicionamiento como establecimiento especializado en chocolate.

El desafío de crecer sin perder la esencia castiza

La apertura sevillana llega en un momento en el que San Ginés combina el desarrollo de su red de establecimientos con el reto de mantener los estándares de calidad que han sostenido su trayectoria. Sus responsables distinguen dos frentes: la gestión diaria de su principal establecimiento madrileño y la identificación de nuevas oportunidades de expansión.

En Madrid, la dimensión de la operativa da una idea de la exigencia que supone mantener vivo un negocio de estas características. La casa recibe alrededor de 7.000 personas al día y permanece abierta las 24 horas, los 365 días del año. Mantener la calidad del producto y del servicio con ese volumen de visitantes, independientemente de la hora, exige una estructura operativa sólida y un equipo comprometido.

«Que cada cliente viva la misma experiencia, sea la hora que sea, exige mucho trabajo», reconocen. Una exigencia que también se traslada a los nuevos establecimientos: el crecimiento no puede comprometer aquello que ha convertido a San Ginés en una referencia de la gastronomía madrileña.

El segundo desafío es trasladar el concepto a nuevos mercados sin diluir su identidad. La familia reconoce tener una ambición importante de llevar la marca por todo el mundo, aunque admite que el principal trabajo consiste en identificar las oportunidades más interesantes y adaptar el modelo a las particularidades de cada destino. Todo ello sin renunciar a su carácter castizo, ligado a Madrid y, por extensión, a la cultura gastronómica española.

En ese sentido, Sevilla representa una oportunidad especialmente significativa: una ciudad con personalidad propia, una fuerte cultura de calle y una tradición hostelera consolidada, en la que San Ginés tendrá que encontrar su espacio sin pretender sustituir los hábitos locales.

Una expansión sin cifras cerradas

La llegada a la capital andaluza se enmarca en una trayectoria de crecimiento que ya ha llevado a San Ginés a otras ciudades españolas, como Marbella y Logroño, y a mercados internacionales como Estados Unidos y Filipinas. Una diversificación geográfica que amplía el alcance de una marca cuyo principal activo sigue siendo una tradición nacida en Madrid y que cerró 2025 con una facturación de 5,5 millones de euros, marcando una clara tendencia positiva respecto a los 3,6 millones que vendía en 2022.

La compañía, no obstante, evita poner cifras al potencial de aperturas que podría asumir en España o en el extranjero. «Creemos sinceramente que hay hueco para muchas», apuntan sus responsables, que prefieren dejar que sea la evolución del negocio la que determine el ritmo de crecimiento.

La ambición es que, dentro de unos años, la presencia de San Ginés en distintos mercados sea lo suficientemente amplia como para que la pregunta sobre cuántas chocolaterías pueden tener cabida resulte innecesaria. Para ello, la marca confía en la capacidad de su producto para conectar con públicos diferentes: «El chocolate con churros es algo que une a todo el mundo y que la gente asocia con momentos especiales».

Con Sevilla, San Ginés pone a prueba precisamente esa capacidad de trasladar una costumbre madrileña a otra ciudad con una identidad gastronómica muy marcada. El reto no consiste únicamente en abrir un nuevo establecimiento, sino en conseguir que una tradición de 1894 encuentre su sitio en la vida cotidiana sevillana. Un crecimiento que, para la compañía, solo tendrá sentido si puede seguir ofreciendo la misma experiencia que ha sostenido su historia durante más de un siglo.

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