En un contexto en el que las experiencias y el bienestar se han situado en el centro de la propuesta de valor, las cadenas hoteleras están redoblando esfuerzos para ofrecer estancias que vayan más allá del alojamiento. El turista actual busca hoy establecimientos capaces de aunar descanso, salud, gastronomía y entorno. Ante este escenario, la diferenciación ya no pasa solo por la categoría o la ubicación, sino por la capacidad de diseñar experiencias personalizadas y alineadas con nuevas formas de entender el lujo: más conscientes y más vinculadas al territorio.
Es en este marco donde Castilla Termal Hoteles avanza en el camino para consolidar un posicionamiento propio, articulado en torno al termalismo, la rehabilitación de patrimonio histórico y una propuesta experiencial que combina bienestar, nutrición, descanso y cultura local, con impacto directo tanto en el negocio como en las comunidades en las que opera.
Según sus últimos resultados, la compañía cerró 2025 con una facturación superior a los 42 millones de euros, lo que representa un crecimiento del 11% respecto a 2024 y cercano al 40% en comparación con 2023. Estos resultados se enmarcan en un plan estratégico a medio plazo que fija como objetivo alcanzar los cien millones de euros de ingresos en un horizonte de cinco años, apoyado en una cartera de nuevos establecimientos y en el desarrollo de líneas de negocio complementarias.

Castilla Termal pisa el acelerador del crecimiento
La evolución positiva del negocio se refleja también en el EBITDA, que alcanza los 11 millones de euros, un 21% más que el año anterior y significativamente por encima de los 6,5 millones registrados en 2023. Este crecimiento tiene un impacto directo en el territorio: el grupo supera ya los 500 profesionales y refuerza su papel como empleador estable en entornos rurales, con programas de formación continua y medidas orientadas a facilitar el acceso a la vivienda para sus equipos. Todo ello se alinea con una clara vocación de impacto social positivo en las comunidades donde desarrolla su actividad.
En palabras de su presidente, Roberto García: “El verdadero lujo del futuro será vivir más y mejor, por eso llevamos años innovando y desarrollando un modelo de negocio diferenciador basado en la autenticidad en destinos rurales, la calidad de los productos y con el foco siempre puesto en el bienestar de las personas”.

La hoja de ruta para 2026
De cara a 2026, la compañía pretende continuar avanzando en su plan de inversión y expansión. Está previsto destinar más de 4 millones de euros a la modernización del conjunto de sus hoteles, con especial atención a Castilla Termal Solares, así como avanzar en nuevas incorporaciones que refuercen su apuesta por la rehabilitación de patrimonio histórico. Entre ellas destacan proyectos como Castilla Termal Palacio de Avellaneda, con apertura prevista este año tras una inversión de 20 millones de euros, o el desarrollo de un nuevo modelo de alojamiento de alto confort en la naturaleza, con un enfoque experiencial, creativo y nutricional.
Sobre esta base, el grupo avanza para consolidar su posicionamiento mediante una apuesta avanzada por la nutrición aplicada a la longevidad, el descanso y el cuidado personal, integrando el conocimiento termal con criterios científicos y una propuesta gastronómica basada en producto local y trazabilidad controlada. Con resultados en máximos y una eficiencia operativa al alza, la compañía afronta el próximo ejercicio como una etapa de consolidación y de impulso a nuevas líneas de negocio que amplían la relación con el cliente más allá de la estancia hotelera.
A día de hoy, la presencia de Castilla Termal en España se articula a través de una red de hoteles ubicados en destinos de interior, con un claro enfoque en la recuperación de patrimonio histórico y en la creación de propuestas de alto valor experiencial. Sus cinco hoteles termales de 4 y 5 estrellas, situados en Castilla y León, Cantabria y Castilla-La Mancha, están integrados en edificios singulares rehabilitados.