El entorno del Santiago Bernabéu vive una transformación constante. A la llegada de oficinas, hoteles y nuevas propuestas gastronómicas se suma ahora El Madrileño, una cervecería que reivindica un concepto aparentemente sencillo, pero cada vez menos habitual como es el bar de toda la vida bien ejecutado.
El proyecto, impulsado por el empresario hostelero Nacho Horcajada, no pretende convertirse únicamente en el lugar donde tomar una cerveza antes del partido, sino en un establecimiento capaz de integrarse en la rutina diaria de vecinos, trabajadores y familias del barrio.
«Cuando la gente diga ¿bajamos a tomar algo a El Madrileño?, sabré que lo estamos haciendo bien», resume Horcajada sobre el objetivo del proyecto.
Ubicado a pocos metros del estadio, El Madrileño convive inevitablemente con la actividad que genera el Bernabéu. Los partidos, conciertos o grandes eventos representan un importante volumen de negocio, pero el proyecto rehúye depender exclusivamente de ellos.
La intención es que el local funcione con la misma naturalidad un lunes cualquiera que un día de Champions. Por eso permanece abierto todos los días de la semana y ha diseñado una oferta capaz de acompañar cualquier momento del día: desayunos, aperitivos, menú entre semana, comidas, afterwork o cenas.
La carta responde también a esa filosofía. Sin reinterpretaciones ni artificios, recupera algunos de los clásicos de la cervecería madrileña: gildas, ensaladilla rusa, conservas, chacinas, pepitos, mariscos, bikinis o aperitivos pensados para compartir alrededor de una cerveza bien tirada.
El Madrileño reivindica una identidad abierta a todos los públicos
El producto empieza mucho antes de llegar a la cocina
En un momento en el que gran parte de la restauración busca diferenciarse mediante elaboraciones complejas, El Madrileño apuesta por otro camino: que la calidad empiece en el origen.
La selección de proveedores se ha convertido en uno de los pilares del proyecto y explica buena parte de la propuesta gastronómica.
Para el pescado y el marisco, el establecimiento trabaja con Pescaderías Coruñesas, una de las distribuidoras de referencia de la alta restauración española, reconocida por abastecer a numerosos restaurantes gastronómicos y por mantener uno de los estándares de calidad más elevados del mercado.
En el apartado cárnico, la elección ha sido La Finca, firma especializada en carnes premium que se ha consolidado como proveedor habitual de algunos de los mejores restaurantes del país gracias a su control integral de la producción y la trazabilidad del producto.
La tercera gran pata corresponde al universo del ibérico y la charcutería, donde El Madrileño trabaja con Tomás, considerada una referencia dentro del sector por la selección de jamones, embutidos y productos ibéricos de máxima calidad.

Más que construir una carta extensa, la intención es minimizar el margen de error desde el principio. Como explica Horcajada, trabajar con proveedores consolidados permite asegurar una regularidad que el cliente percibe en cada visita.
La apuesta, además, no pretende trasladar ese incremento de calidad a una propuesta inaccesible. El objetivo es mantener un ticket medio competitivo dentro de una de las zonas con mayor presión gastronómica de Madrid.
La importancia del servicio
Otra de las decisiones estratégicas del proyecto tiene que ver con el equipo. Frente a una tendencia cada vez más habitual de operar con plantillas muy ajustadas, El Madrileño ha optado por sobredimensionar el servicio desde el inicio para evitar uno de los principales problemas de la hostelería actual: las esperas y la falta de atención.
La filosofía es que un cliente bien atendido tiene muchas más posibilidades de convertirse en parroquiano. Y precisamente esa recurrencia es la que persigue el negocio.
Recuperar la idea de «hacer barrio»
Lejos de vincularse únicamente al estadio o al fútbol, El Madrileño reivindica una identidad abierta a todos los públicos. Familias, trabajadores de oficinas, vecinos, grupos de amigos o quienes simplemente buscan un buen aperitivo encuentran un espacio pensado para convivir.
El local también recupera parte del imaginario castizo de la ciudad mediante un mural realizado a mano que homenajea algunos de los iconos más reconocibles de Madrid, además de incorporar referencias a vinos de la Comunidad como guiño al territorio.
La propuesta líquida mantiene esa misma coherencia. Mahou lidera una oferta donde también tienen protagonismo el vermú, una cuidada selección de vinos por copas y destilados pensados para acompañar una forma de consumir sin complicaciones.
En una zona donde muchos establecimientos viven pendientes del calendario deportivo, El Madrileño aspira a convertirse en uno de esos bares que terminan formando parte de la rutina del barrio. Porque, para Horcajada, el verdadero éxito no llegará cuando el local se llene durante un partido, sino cuando los vecinos empiecen a considerarlo su bar de siempre.