Riders ante el nuevo modelo: “Antes era duro, pero rentable; ahora no compensa”

viernes 20 de marzo del 2026 | 07:03

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El sector del delivery en España atraviesa una etapa de transformación profunda. Tras años marcados por la controversia en torno a la figura del repartidor autónomo, la aplicación normativa ha terminado por consolidar un nuevo escenario marcado por la laboralidad. Sin embargo, lejos de cerrar el debate, este cambio ha abierto una nueva fase de reflexión sobre la sostenibilidad del modelo.

Esta es una de las principales conclusiones de la mesa redonda ‘Las voces del delivery’, un ciclo de debate estratégico impulsado por Just Eat que ha reunido a repartidores, expertos jurídicos, representantes sindicales y empresas del sector. Bajo el título El nuevo paradigma del delivery en España: la normalización del empleo’, el encuentro ha servido para poner sobre la mesa las tensiones y retos que marcarán el futuro de la industria.

Uno de los puntos clave del debate ha sido el impacto real que ha tenido la transición hacia el modelo laboral en el día a día de los riders. Artem Pavlov, repartidor, resume así su experiencia: “Si soy sincero, estos cambios fueron muy duros. Antes había riesgo, pero también ingresos y libertad. Ahora hay más control, menos ingresos y menos capacidad de decisión”.

Su testimonio refleja un sentir compartido por parte del colectivo. Durante la denominada “época dorada” del delivery, los repartidores podían alcanzar mayores ingresos en un contexto de menor competencia. Hoy, sin embargo, la situación es distinta. “Antes era duro, pero rentable; ahora es duro y no compensa”, añade.

Desde el movimiento RidersEspaña, Luis Daniel también apunta a un cambio estructural en el sector. Según explica, la transformación del modelo ha generado una realidad heterogénea: “Hay repartidores que se han adaptado y otros que no. Ahora la mayoría necesita seguir trabajando y estamos en el camino de la laboralidad. Es el momento de construir un convenio que nos agrupe y, sobre todo, que escuche a todos”.

En este sentido, la necesidad de un marco común de relaciones laborales ha sido uno de los consensos más claros del encuentro. Tanto representantes sindicales como actores empresariales coinciden en la urgencia de avanzar hacia un convenio colectivo sectorial que ordene el mercado y garantice condiciones homogéneas.

Raquel Boto, adjunta a la Secretaría de Acción Sindical de CCOO, insiste en la importancia de diferenciar entre el trabajador autónomo y el falso autónomo, una figura que ha estado en el centro del debate en los últimos años. “Es necesario un acuerdo marco de relaciones laborales para el sector, pero no cualquier convenio. Debe ser un instrumento real que proteja a los trabajadores”, señala.

En la misma línea, Virgilio Sánchez, repartidor y representante de UGT, advierte de que el colectivo sigue enfrentándose a situaciones de vulnerabilidad. Entre ellas, menciona prácticas como el alquiler o cesión de cuentas, especialmente en el caso de trabajadores migrantes, que derivan en la aparición de intermediarios y en una mayor precarización.

El sector parece haber entrado en una fase de madurez, pero aún lejos de alcanzar un equilibrio definitivo

Desde el ámbito jurídico, la catedrática de Derecho Laboral Luz Rodríguez subraya que el modelo actual no responde a una elección individual, sino a la evolución normativa. La legislación vigente, junto con la jurisprudencia y la futura transposición de la Directiva europea sobre trabajo en plataformas, establece un marco que busca garantizar derechos laborales y una competencia más equilibrada.

No obstante, la consolidación del modelo laboral también plantea nuevos desafíos operativos. Ángel Sánchez García, CEO y cofundador de Revoolt, apunta a la necesidad de adaptar la gestión de flotas a esta nueva realidad. “El modelo laboral introduce retos como el absentismo o el control de la productividad, que antes no tenían un impacto directo. Será clave establecer incentivos y condiciones que reconozcan el desempeño”, explica.

En este contexto, el sector parece haber entrado en una fase de madurez, pero aún lejos de alcanzar un equilibrio definitivo. La transición hacia un modelo más regulado ha mejorado la base de derechos, pero también ha generado fricciones en términos de ingresos, flexibilidad y eficiencia operativa.

Como conclusión, los participantes coinciden en que el futuro del delivery en España pasa por el diálogo continuo entre todos los actores implicados: plataformas, repartidores, sindicatos y empresas. Solo a través de este consenso será posible construir un modelo que no solo sea legalmente sólido, sino también económicamente viable y socialmente sostenible.

El debate, en cualquier caso, está lejos de cerrarse. Y como advierten los propios riders, el verdadero reto no es solo cambiar las reglas del juego, sino lograr que el nuevo sistema funcione para todos.

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