Las olas de calor que surfea España este verano han dibujado un escenario poco habitual para bares y restaurantes: las terrazas, uno de los grandes protagonistas de la temporada estival, pierden atractivo a medida que suben los termómetros. La hostelería se ha convertido así en uno de los sectores más expuestos a los efectos de las temperaturas extremas, especialmente en unos meses en los que la actividad exterior tiene un peso determinante.
El impacto no se limita a la ocupación de las mesas al aire libre. El calor está modificando los hábitos de los clientes, desplazando parte de la demanda hacia los espacios interiores climatizados, retrasando las salidas y, en determinados destinos, reduciendo la afluencia a los establecimientos. Al mismo tiempo, las altas temperaturas han obligado al sector a prestar una atención creciente a las condiciones de trabajo de los empleados que desarrollan su actividad en terrazas y otros espacios expuestos.
Ya el pasado mes de mayo, diversas interpretaciones sobre la normativa laboral ante episodios de calor extremo generaron incertidumbre en el sector, tal y como informó Sivarious. Desde Hostelería de España señalaron entonces que no existe ninguna obligación de cierre de establecimientos ni cambios recientes en la legislación que afecten específicamente a la actividad.
Las olas de calor alteran el consumo en hostelería
El origen de la confusión se sitúa en el VI Acuerdo Laboral Estatal de Hostelería (ALEH), que en su capítulo XIV establece la necesidad de adoptar medidas de protección frente a fenómenos meteorológicos adversos, especialmente durante episodios de calor extremo. En este sentido, el texto señala que, cuando se desarrollen trabajos al aire libre o en espacios que no puedan cerrarse, las empresas deben implementar medidas adecuadas para proteger a los trabajadores, incluidas aquellas que se deriven de la evaluación de riesgos laborales ante temperaturas extremas.
Sin embargo, tanto desde la patronal como desde organismos técnicos como el Instituto Nacional de Seguridad y Salud en el Trabajo se insistió en que estas recomendaciones no implican en ningún caso el cierre de terrazas o establecimientos. El enfoque está centrado en la prevención y en la adaptación de las condiciones de trabajo ante situaciones de temperaturas extremas: cambios o adaptación de horarios, pausas, hidratación o protección frente al sol.
En esta misma línea, durante el mes de julio la Inspección de Trabajo envió una notificación a todas las actividades económicas con recomendaciones frente a las olas de calor para aquellos trabajadores que prestan servicio al aire libre o en entornos laborales calurosos. En el caso de bares, restaurantes y cafeterías, desde Hostelería Madrid pusieron en marcha una campaña informativa de prevención frente a las altas temperaturas con el objetivo de planificar las jornadas de trabajo durante los meses de verano.
La terraza pierde protagonismo en Valencia
Más allá del ámbito de la prevención laboral, la principal consecuencia que está experimentando la hostelería durante este verano se encuentra en el comportamiento de los propios clientes. Cambiar la terraza por el interior es una de las principales tendencias que se está siguiendo este verano en Valencia y que está marcando la actividad hostelera.
Las diferentes olas de calor y las elevadas temperaturas están llevando a los clientes a alterar sus preferencias. Si durante buena parte del año la terraza funciona como uno de los principales reclamos de bares y restaurantes, este verano el interior está ganando terreno. Los clientes evitan cada vez más las terrazas durante las horas centrales del día y retrasan sus salidas hasta la tarde-noche.
Los datos de la Coordinadora de Hostelería y Ocio de los Barrios de València (CHV) apuntan en esta dirección. Un estudio elaborado por la organización subraya que el 32,4% de los establecimientos afirma que sus clientes prefieren permanecer en espacios interiores climatizados.
El dato refleja cómo las altas temperaturas no solo condicionan la comodidad del cliente, sino que pueden alterar la distribución de la demanda dentro de los propios establecimientos. La terraza deja de ser necesariamente el espacio preferido y el aire acondicionado se convierte en un factor determinante a la hora de elegir dónde consumir.
El calor también pasa factura a la afluencia
La situación se extiende a otros puntos de la geografía española. En la Costa Blanca, las temperaturas extremas se combinan además con un cambio estructural en el comportamiento del turista y han provocado que no se cumplan las expectativas de la hostelería. Desde la Asociación de Restaurantes de Alicante (ARA) califican el mes de julio de esta temporada estival como un periodo crítico.
“Julio ha sido un mes negro para la hostelería. Todos estábamos preparados para afrontar un mes potente de trabajo y muchos restaurantes de la asociación se han sorprendido negativamente”, afirma a ‘El Español’ la presidenta de ARA, Gabriela Córdoba.
La valoración pone de manifiesto la distancia entre las previsiones con las que parte el sector ante los meses de mayor actividad y una evolución marcada por unas condiciones meteorológicas que están alterando el comportamiento de la demanda.
Más interior y menos terraza
En Elche, la hostelería asegura que las altas temperaturas están pasando factura al sector durante este verano. Desde la Plataforma de Hostelería de Elche afirman que la afluencia de clientes ha descendido entre un 20% y un 35% respecto al verano pasado, una situación que achacan al intenso calor, especialmente durante la noche, cuando las terrazas dejan de resultar un lugar atractivo para los clientes.
También en Albacete las olas de calor que ha enfrentado España durante lo que va de verano están afectando de lleno al sector hostelero. Begoña Garijo, gerente de la Asociación Provincial de Empresarios de la Hostelería y Turismo (Apeht), explica a ‘La Tribuna de Albacete’ que “el calor no ayuda a la hostelería porque con tan altas temperaturas la gente prefiere zonas de interior con aire acondicionado o directamente se quedan en su casa”.
A su vez, Garijo destaca que, de por sí, los meses de julio y agosto “no son las mejores épocas ni para la hostelería ni para las terrazas”. El factor meteorológico se suma así a la propia estacionalidad de unos meses que, pese a concentrar buena parte de la actividad turística y hostelera, no garantizan por sí mismos un comportamiento homogéneo de la demanda.
Ibiza también acusa el calor en las terrazas
Este escenario no se limita a la península Ibérica. La restauración de Ibiza también está afrontando una temporada marcada por unas temperaturas que restan atractivo a las terrazas. Los establecimientos han recurrido a distintas soluciones para tratar de mantener el atractivo de los espacios exteriores, como toldos, zonas de sombra y ventiladores evaporativos. Sin embargo, estos recursos no siempre consiguen neutralizar el impacto de las temperaturas extremas.
El presidente del sector de Restauración de la Petita i Mitjana Empresa d’Eivissa i Formentera (Pimeef), Miquel Tur, reconoce que, “cuando hay un calor excesivo, al turista no le apetece tanto estar en un espacio abierto. Ir a comer a un sitio tiene que ser una experiencia agradable y, aunque pongas los medios necesarios, hay días concretos en los que el calor es excesivo y hace que las comidas sean más incómodas”, según ‘Diario de Ibiza’.
Cambian los hábitos de los clientes
La situación refleja una paradoja para la hostelería estival: precisamente en el momento del año en el que los espacios exteriores adquieren mayor relevancia comercial, las temperaturas extremas pueden convertirlos en un factor de rechazo para parte de la clientela.
El resultado es un verano en el que bares, restaurantes y cafeterías afrontan una doble exigencia. Por un lado, deben adaptar la organización del trabajo para garantizar la protección de sus empleados frente a episodios de calor extremo. Por otro, tienen que responder a un cliente que modifica sus hábitos, evita las horas centrales del día, retrasa sus salidas y, cada vez con mayor frecuencia, busca el refugio del interior climatizado. De esta forma, la terraza, uno de los símbolos de la hostelería durante los meses de verano, se enfrenta así a un nuevo escenario en el que el calor extremo condiciona tanto la experiencia del cliente como la operativa de los establecimientos.
