Cómo se construye un producto hotelero especializado en turismo familiar

Cómo se construye un producto hotelero especializado en turismo familiar

lunes 28 de septiembre del 2026 | 05:09

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Mari Martínez

Mientras el semento ‘adults only’ gana presencia y genera debate, especialmente en el plano legal y ético, existe un modelo hotelero que ha construido su propuesta justamente en la dirección contraria: hacer de las familias el centro de la experiencia. Es el caso de Royal Son Bou Family Club, en Menorca, un establecimiento especializado en turismo familiar que ha alcanzado la tercera posición en los ‘HolidayCheck Award 2026’ como mejor hotel de España para familias.

Hacer de las familias un segmento prioritario implica bastante más que adaptar habitaciones o incorporar servicios infantiles. Supone diseñar buena parte del producto, la operativa y la estructura de personal alrededor de las necesidades de padres e hijos, desde la animación y las instalaciones hasta la restauración, los horarios, la seguridad y la renovación constante de la experiencia. Una especialización que Royal Son Bou mantiene desde hace décadas y que se ha traducido en distintos reconocimientos de los viajeros: además del tercer puesto entre los hoteles familiares españoles en los HolidayCheck Award 2026, el establecimiento ha sido distinguido con el ‘Travellers’ Choice 2026’ de Tripadvisor, que lo sitúa entre el 10% de los mejores hoteles del mundo, mientras que en los ‘HolidayCheck Award 2025’ ocupó la cuarta posición entre los hoteles familiares de España.

En una conversación con Sivarious, su director general, Tumeu Janer, analiza qué implica realmente operar un resort familiar desde el punto de vista del negocio, cómo están cambiando las expectativas de las familias, el creciente protagonismo de la gastronomía y la animación y el papel que puede desempeñar este segmento en el posicionamiento de Menorca y en la lucha contra la estacionalidad.

Desde la perspectiva de negocio, ¿qué significa realmente ser un resort familiar y qué costes o inversiones exige? 

Ser un resort familiar significa mucho más que disponer de una piscina infantil, un miniclub o unas habitaciones donde puedan alojarse cuatro personas. Significa diseñar prácticamente toda la experiencia del hotel pensando en las necesidades de una familia. Eso afecta a las instalaciones, pero sobre todo al servicio y a la estructura de personal. Necesitas un equipo de animación importante, espacios específicos para diferentes edades, piscinas adaptadas, zonas de juego, restauración preparada para niños, horarios amplios, apartamentos cómodos para familias y, especialmente, unos protocolos de seguridad y mantenimiento muy exigentes. Además, hay algo que muchas veces no se ve: trabajar con niños obliga a estar continuamente renovando el producto. Un adulto puede volver a un hotel varios años y disfrutar haciendo prácticamente lo mismo; un niño necesita estímulos, novedades y actividades diferentes. Por tanto, la inversión no termina cuando construyes las instalaciones. Hay que actualizar constantemente programas de animación, equipamientos, espectáculos y espacios.

Ser un hotel familiar es una especialización. Y, como cualquier especialización bien hecha, exige inversión, conocimiento y muchos recursos humanos.

¿Dónde diría que está el mayor impacto económico de trabajar con familias? ¿Diría que una familia genera más o menos ingreso por habitación que una pareja?

El pasado invierno hice un curso de F&B y tenía un profesor que repetía que los hoteles familiares generaban más ingresos extras que los hoteles orientados a parejas. Yo siempre le decía que, por nuestra experiencia, no estoy tan seguro de que sea así.

Una familia puede tener un gasto total elevado porque viajan tres, cuatro o cinco personas, pero también suele controlar mucho más su presupuesto. Cuando aumenta el coste de la electricidad, la hipoteca, la cesta de la compra o cualquier gasto cotidiano, las familias son probablemente uno de los colectivos que primero lo notan, porque esos incrementos se multiplican dentro de la economía familiar. Por eso creo que hay que diferenciar entre el importe total de las vacaciones y la capacidad de generar gasto extra una vez en el destino. Muchas familias llegan con un presupuesto bastante definido y saben aproximadamente cuánto quieren gastar.

Además, en nuestro caso una parte importante de la propuesta está precisamente en ofrecerles una experiencia muy completa dentro del precio de sus vacaciones. No creo que el objetivo tenga que ser intentar que gasten continuamente más, sino conseguir que perciban que lo que han pagado realmente ha valido la pena. Si conseguimos eso, probablemente tendremos una familia satisfecha que puede volver o recomendarnos.

¿Qué pesa más en la rentabilidad: ocupación, ADR, estancia media o repetición?

Al final es un mix y sería difícil analizar la rentabilidad de un hotel mirando solamente una de estas variables. Evidentemente, ocupación y ADR tienen un impacto directo muy importante. Puedes tener una ocupación fantástica, pero si has tenido que sacrificar demasiado el precio para conseguirla, probablemente el resultado no será el que buscas. Y también puede ocurrir lo contrario: tener un ADR muy alto pero no conseguir suficiente volumen. La estancia media también influye porque reduce determinadas rotaciones y costes operativos, mientras que la repetición tiene un valor que muchas veces no se refleja directamente en la cuenta de resultados de ese día, pero sí a medio y largo plazo. Por eso creo que la clave está en encontrar el equilibrio. Lo importante es conseguir el mix que maximice la rentabilidad sin perjudicar la experiencia del cliente.

¿Qué papel desempeña la gastronomía en un hotel familiar? ¿Y la fidelización?

Para nosotros la gastronomía es uno de los puntos en los que intentamos mejorar año tras año. Nuestra prioridad como hotel familiar es que el niño esté a gusto y disfrute. Si un niño es feliz durante sus vacaciones, normalmente los padres también disfrutan mucho más. Pero eso no significa que el resto de la experiencia pueda descuidarse. Los padres también están de vacaciones y esperan comer bien, descansar y disfrutar.

Por eso intentamos que la gastronomía tenga cada vez más peso dentro de la experiencia del Royal Son Bou. Un hotel familiar no debería ser sinónimo de una propuesta gastronómica más básica. Al contrario: creo que precisamente los padres valoran mucho encontrar un buen producto, variedad, calidad y pequeños detalles que les hagan disfrutar también a ellos. En cuanto a la fidelización, nuestra tasa de repetición está alrededor del 25%, y para nosotros es una variable muy importante. Primero porque es otro KPI que te indica que estás haciendo bien las cosas: una persona puede salir satisfecha de un hotel, pero decidir volver al mismo establecimiento es un paso más.

Y después está el componente económico. Captar un cliente nuevo tiene un coste muy superior a conseguir que vuelva alguien que ya conoce y confía en tu producto. Además, el cliente repetidor se convierte muchas veces en tu mejor prescriptor. Habla del hotel con amigos, familiares o compañeros de trabajo y hace que el boca a boca continúe funcionando.

¿Cuál es el perfil de la familia que reserva hoy Royal Son Bou respecto al de hace cinco o diez años?

La verdad es que el perfil de familia no ha cambiado radicalmente. Seguimos recibiendo familias que buscan tranquilidad, seguridad, playa, tiempo juntos y, sobre todo, que sus hijos disfruten. Donde sí hemos percibido una evolución muy clara es en las expectativas. Hace diez años la animación podía ser algo más puntual y menos presente en el día a día de las vacaciones. Hoy las familias demandan muchísimo más. Quieren actividades durante prácticamente toda la jornada, experiencias diferentes, espectáculos, propuestas para distintas edades y una interacción mucho más constante con el equipo. Por eso digo muchas veces que la animación se ha vuelto más “intrusiva”, entendiendo la palabra en sentido positivo: está mucho más integrada en la experiencia del cliente. Las familias quieren tener opciones permanentemente. Después cada una decide si participa en dos actividades o en diez, pero quieren saber que esas posibilidades existen. También creo que el nivel de exigencia general ha aumentado. El cliente está mucho más informado, compara muchísimo antes de reservar y llega al hotel sabiendo perfectamente qué puede esperar de nosotros.

¿Qué elementos son imprescindibles para que una familia considere que un hotel es realmente familiar?

Para mí, uno de los elementos fundamentales es que la animación esté realmente pensada para los niños y no sea simplemente un complemento dentro del hotel. Tiene que existir un programa completo, con actividades diferentes, adaptadas por edades y durante buena parte del día. Pero además tiene que haber personas detrás capaces de conectar con los niños. Puedes tener unas instalaciones espectaculares, pero si no existe esa conexión humana, falta una parte fundamental. Después está todo lo demás: seguridad, piscinas y espacios infantiles, restauración adaptada, apartamentos preparados para familias, horarios pensados para ellas y pequeños detalles operativos que quizá individualmente parecen poco importantes, pero que juntos cambian completamente las vacaciones. Para mí hay una diferencia importante entre un hotel que acepta niños y un hotel realmente pensado para niños.

Han renovado las zonas de animación nocturna. ¿Han cambiado las expectativas del turista familiar en este sentido?

Sí. Como comentaba antes, la animación tiene cada vez un contacto más directo con el cliente y forma una parte mucho más importante de la experiencia global de las vacaciones. En nuestro caso, la animación nocturna siempre ha sido uno de nuestros puntos fuertes, por lo que renovar estos espacios tiene también mucho que ver con mantener el producto actualizado. Pero intentamos que las decisiones no partan únicamente de lo que nosotros creemos que debemos hacer. Escuchamos muchísimo al cliente. Analizamos comentarios, sugerencias y comportamientos y, a partir de ahí, vamos evolucionando las instalaciones y el programa. Las familias actualmente esperan mucho más que un espectáculo infantil de media hora después de cenar. Buscan que la noche también forme parte de la experiencia familiar: quieren espectáculos, música, entretenimiento y momentos que puedan compartir padres e hijos. Y eso nos obliga a evolucionar permanentemente.

¿Puede Menorca ser un destino familiar de referencia? ¿Las familias ayudan a alargar temporada?

Menorca tiene todos los ingredientes para ser un destino familiar de referencia. Somos conocidos como la isla de la calma, y precisamente la tranquilidad, la seguridad, el contacto con la naturaleza, las playas y el tamaño de la isla encajan perfectamente con lo que muchas familias buscan cuando viajan con niños. Creo que tenemos una oportunidad importante para reforzar todavía más ese posicionamiento. No necesariamente intentando competir con otros destinos en volumen, sino defendiendo aquello que nos hace diferentes. En cuanto a alargar la temporada, el segmento familiar tiene algunas limitaciones evidentes porque está muy condicionado por los calendarios escolares. Pero también existen familias con niños pequeños que todavía no están escolarizados, vacaciones escolares diferentes según el mercado europeo y periodos como Semana Santa, mayo, junio, septiembre u octubre que pueden tener recorrido. Por tanto, puede ayudar, aunque creo que sería un error pensar que únicamente el turismo familiar solucionará la estacionalidad de Menorca. Para alargar realmente la temporada necesitamos trabajar distintos segmentos y motivaciones de viaje.

En línea con la tendencia ‘only adults’… 

¿Diría que se está creando un turismo cada vez más cómodo para el adulto a costa de hacer menos espacio a las familias?

Sí, creo que existe esa tendencia. Cada vez vemos más establecimientos, restaurantes, alojamientos o determinados espacios que apuestan por propuestas dirigidas exclusivamente a adultos. Y desde el punto de vista empresarial entiendo perfectamente que exista esa especialización. Lo que sí me preocuparía es que poco a poco se instalara la idea de que la presencia de niños es un problema o una molestia. Los niños forman parte de nuestra sociedad. Todos hemos sido niños y las familias tienen exactamente el mismo derecho a disfrutar de sus vacaciones. Una cosa es desarrollar productos especializados para adultos y otra muy distinta transmitir que para conseguir tranquilidad necesariamente tenemos que excluir a los niños.

¿Dónde situaría la frontera entre segmentación de producto y discriminación por edad?

Personalmente considero que, en la mayoría de los casos, estamos hablando de segmentación de producto y no de discriminación. Hay hoteles especializados en deporte, en wellness, en parejas, en familias o en clientes adultos. Cada empresa decide a qué segmento quiere dirigirse y construye su producto alrededor de él. Nosotros hacemos exactamente lo mismo, pero en sentido contrario. Cuando detectamos que una pareja sin niños quiere reservar el Royal Son Bou, intentamos dejarles muy claro qué tipo de establecimiento somos. Durante determinados momentos de la temporada podemos tener alrededor de 400 niños alojados en el hotel. Si buscas silencio absoluto alrededor de la piscina probablemente no somos el establecimiento adecuado para ti. Quien tiene hijos normalmente entiende perfectamente lo que eso significa. Una pareja que no los tiene quizá no lo visualiza de la misma manera.

¿Qué pierde un destino cuando empieza a expulsar de determinados espacios turísticos a las familias? 

Pierde un segmento muy importante del mercado, pero creo que puede perder algo todavía más importante: diversidad. Un destino turístico no debería estar construido pensando en un único perfil de visitante. Las familias generan actividad en hoteles, restaurantes, comercios, playas, empresas de actividades, alquiler de vehículos y muchísimos otros servicios.

Además, una familia que conoce un destino cuando sus hijos son pequeños puede mantener una relación con él durante muchos años. Los niños que hoy vienen de vacaciones con sus padres son potencialmente los adultos que dentro de veinte años decidirán volver con sus propias familias. Por eso creo que excluir sistemáticamente a las familias puede ser una decisión bastante cortoplacista.

¿Qué le diría a quien sostiene que pagar por unas vacaciones da derecho a exigir un entorno sin menores? ¿Y a una familia que se siente cada vez más relegada en determinados productos turísticos?

Creo que ambos segmentos pueden convivir perfectamente. Quien busca unas vacaciones exclusivamente para adultos tiene derecho a encontrar productos diseñados específicamente para ello. Y una familia también tiene derecho a encontrar establecimientos y destinos donde sus hijos sean bienvenidos. No veo que tengan que ser modelos enfrentados. De la misma manera que existen restaurantes fast-food y restaurantes slow-food, hoteles urbanos, resorts, establecimientos deportivos o hoteles wellness, también pueden existir hoteles adults only y hoteles especializados en familias. Lo importante es que cada establecimiento sea transparente sobre la experiencia que ofrece. Probablemente el problema aparece cuando empezamos a plantearlo como una batalla entre adultos y niños. Para mí no debería serlo. El turismo tiene espacio suficiente para todos. La clave no es excluir un segmento, sino especializar el producto y comunicar muy bien a quién va dirigido.

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