El ADN familiar es una de las características que definen indudablemente a la industria hotelera española. La trayectoria de las grandes cadenas nacionales deja entrever el importante papel de las familias empresarias en la evolución del turismo. Meliá, RIU, Barceló, Hotusa o Iberostar ilustran cómo negocios que han pasado por las manos de diferentes generaciones han terminado desarrollando estructuras internacionales y modelos de gestión capaces de operar en distintos mercados.
El peso que tiene la empresa familiar en la industria turística actual se puede apreciar en cifras concretas. Según el informe ‘Relevancia y supervivencia de la Empresa Familiar. La Empresa Familiar en España 2025’, elaborado por el Instituto de la Empresa Familiar y su Red de Cátedras, con la colaboración de KPMG y SAP, estas compañías representan el 92,4% del tejido empresarial español, generan el 70,6% del empleo privado y aportan el 57,8% del valor añadido bruto privado.
Estos datos ayudan a escenificar cuál es la importancia económica y social de un modelo de negocio cuya continuidad depende de su capacidad para invertir, incorporar talento y adaptarse a los cambios del mercado, entre otros muchos factores.
La economía productiva, el empleo y la capacidad de construir proyectos empresariales con vocación de permanencia son los ejes de una reflexión reciente de Amancio López, presidente de Grupo Hotusa. En la última entrega de ‘3 minutos con Grupo Hotusa’, situó a la empresa familiar en el centro de un modelo económico en el que la generación de riqueza no puede desligarse de su contribución al desarrollo social y a la cohesión del país.
Defiende el empleo como la herramienta más eficaz para favorecer una distribución equitativa de los recursos y reivindica el papel de las compañías que invierten, crecen y consolidan su actividad a largo plazo.
La vocación de la empresa familiar
Su planteamiento conecta con uno de los debates estructurales de la economía española: cómo favorecer que las empresas ganen dimensión, capacidad competitiva y estabilidad sin perder de vista su responsabilidad social. Una cuestión que también estuvo presente en el XXIX Congreso Nacional de la Empresa Familiar, celebrado en Madrid recientemente bajo el lema ‘Centro de Gravedad’.

A lo largo de su intervención, Amancio López contrapone el modelo de economía productiva a las dinámicas centradas exclusivamente en la actividad financiera o especulativa. Según su planteamiento, la diferencia reside en la propia naturaleza del proyecto empresarial y en el horizonte temporal con el que se toman las decisiones. Quienes dirigen empresas familiares se consideran, ante todo, empresarios comprometidos con la adquisición, el desarrollo y la proyección de negocios que aspiran a perdurar. Una visión que distingue de la figura del inversor o del financiero cuya actividad se orienta desde otros parámetros.
Esta perspectiva sitúa la continuidad empresarial como un elemento esencial de la empresa familiar. Más allá de los resultados de un ejercicio concreto, el propósito es construir organizaciones capaces de atravesar distintas etapas económicas, adaptarse a los cambios del mercado y mantener su actividad en el tiempo. La creación de riqueza adquiere así una dimensión que trasciende el balance. En concreto, se vincula con la capacidad de sostener empleo, desarrollar proyectos y generar una aportación duradera al entorno en el que operan las compañías.
Las personas y los valores, en el centro
La defensa de este modelo coincide con la reivindicación de una mirada a largo plazo que marcó el debate del Instituto de la Empresa Familiar. Para las empresas que aspiran a crecer, consolidarse y ampliar su actividad, la estabilidad y la previsibilidad del entorno son factores relevantes a la hora de abordar inversiones y tomar decisiones estratégicas.
Para el presidente de Hotusa, la fortaleza de una empresa no depende únicamente de sus activos materiales, su dimensión o sus resultados económicos. Los cimientos de una organización sólida se encuentran también en las personas que la integran y en los valores éticos que orientan su actividad cotidiana. En su reflexión, la integridad, la responsabilidad, la laboriosidad, la lealtad y el espíritu de superación aparecen como principios indispensables para construir un proyecto empresarial sostenible.
A su vez, Amancio López describe un proceso de desarrollo empresarial articulado en varias fases. La primera consiste en alcanzar la máxima eficiencia operativa, una condición necesaria para aprovechar los recursos disponibles y construir una base sólida. Una vez asentada esa capacidad, el crecimiento permite diversificar riesgos y ampliar las posibilidades de desarrollo del negocio. La siguiente etapa exige una transformación constante para responder a las nuevas condiciones del entorno, mientras que el recorrido culmina, en su planteamiento, con la aspiración de generar una trascendencia positiva en la sociedad.
La secuencia conecta la gestión cotidiana con una concepción más amplia del éxito empresarial. La eficiencia permite consolidar la actividad; la expansión abre nuevas oportunidades y distribuye los riesgos; la adaptación facilita la continuidad ante los cambios; y la contribución social da sentido al crecimiento más allá de los indicadores económicos. El objetivo último es que la evolución de una compañía se traduzca también en una aportación duradera a la economía y al entorno en el que desarrolla su actividad.
El reto de las pymes familiares
La reflexión de Amancio López sobre la dimensión empresarial encuentra un ejemplo concreto en el sector turístico español. En este sentido, valora el incremento de tamaño y la internacionalización de las cadenas hoteleras como factores tractores de la economía, en una industria en la que el desarrollo de operadores de mayor dimensión ha contribuido a ampliar la capacidad empresarial y la proyección de la oferta hotelera.
Frente a esta evolución, advierte de las dificultades que afrontan las pequeñas empresas en otros sectores y de la elevada mortalidad empresarial que, según su diagnóstico, limita la consolidación de muchos proyectos. En su análisis, la burocracia actúa como un obstáculo que se intensifica a medida que las compañías crecen, de modo que ganar dimensión puede traducirse también en una mayor carga de obligaciones y trámites. El problema no se limita, por tanto, a la capacidad de crear empresas, sino que alcanza a las condiciones necesarias para que estas sobrevivan, se consoliden y puedan dar el salto hacia estructuras de mayor tamaño.
La aspiración que plantea es que el tejido empresarial español disponga de un entorno capaz de facilitar esa evolución. Para López, el progreso de un país pasa por permitir que las pymes familiares crezcan y se conviertan en grandes compañías, con capacidad para invertir, ampliar mercados y sostener su actividad en el tiempo. La experiencia del turismo sirve como referencia de esa posibilidad, aunque el reto consiste en extender las condiciones que favorecen el crecimiento a otros ámbitos de la economía.
Grupo Hotusa firma su mejor ejercicio histórico
La evolución de los últimos años del grupo sirve para aportar el contexto empresarial. La compañía cerró el mejor ejercicio de su historia al alcanzar una cifra de negocio de unos 1.685 millones de euros, un 8% más que el año anterior, y un resultado bruto de explotación o ebitda de 266 millones, con un crecimiento del 10%.
Un crecimiento que no parece puntual, ya que, para este año, la compañía proyecta aumentar sus ingresos alrededor de un 14% y superar por primera vez los 1.900 millones de euros.
La evolución de los ingresos y del ebitda se acompaña de una estrategia de expansión hotelera. Hotusa terminó 2025 con cerca de 300 hoteles abiertos y varias decenas de establecimientos firmados para incorporarse a su porfolio. La previsión era superar los 300 activos operativos durante el primer trimestre de este año y mantener un ritmo sostenido de crecimiento mediante distintas fórmulas, entre ellas las adquisiciones y los contratos de gestión.
Eurostars impulsa la expansión de la cartera hotelera
Entre las incorporaciones más recientes destaca Eurostars Valladolid, establecimiento integrado en la división Eurostars Hotel Company. Su apertura permitió a Hotusa superar el objetivo de alcanzar los 300 hoteles en su cartera. El activo se incorporó en régimen de arrendamiento, una fórmula que amplía la presencia hotelera del grupo sin implicar necesariamente la adquisición de la propiedad del inmueble.
Entre las últimas aperturas, a través de su división Eurostars Hotel Company, destaca la de Eurostars Valladolid, hotel con el que superó su reto de alcanzar los 300 hoteles en su porfolio. Tal y como informó este medio, el activo, incorporado en régimen de arrendamiento, representa un hito para la planta hotelera local y contribuye al reposicionamiento de Valladolid como destino urbano con proyección cultural y gastronómica. Además, cabe mencionar que la apertura se enmarca en una estrategia de crecimiento centrada en ubicaciones prime y edificios singulares con fuerte arraigo local. También ha sumado a su cartera Áurea Palacio de la Tinta (Málaga). Un hotel boutique de 5 estrellas integrado en la colección Áurea Hotels.