Las aerolíneas de todo el mundo han activado medidas de contingencia ante el impacto directo del conflicto en Oriente Medio, que está provocando una fuerte volatilidad en los mercados energéticos y tensionando los costes operativos del sector. La subida del precio del queroseno, que se ha disparado más de un 96% desde finales de febrero, ha encendido todas las alarmas en la industria aérea, obligando a las compañías a reajustar su capacidad, revisar rutas y reforzar sus estrategias financieras.
Según el último informe de mercado de la Asociación de Transporte Aéreo Internacional (IATA), el crecimiento de la capacidad aérea global ya muestra signos de desaceleración. Mientras en febrero la oferta de plazas creció un 3,9% interanual, en marzo se moderó al 3,3%, y las previsiones para abril apuntan a una ralentización aún mayor, hasta el 2,7%. Este ajuste responde directamente al encarecimiento del combustible, que representa hasta el 30% de los costes totales de las aerolíneas.
El barril de combustible para aviación ha pasado de 99,4 dólares el 27 de febrero a 195,19 dólares el 27 de marzo, con niveles incluso superiores en Europa y Asia. Esta escalada ha obligado a las compañías a reforzar sus coberturas de combustible, una herramienta clave para mitigar la volatilidad. Habitualmente, las aerolíneas aseguran entre un 40% y un 70% de su consumo a precios fijados con antelación.
- Varias aerolíneas han comenzado a recortar capacidad y ajustar sus programaciones
En este contexto, los grandes grupos aéreos han intensificado sus estrategias de protección. International Airlines Group (IAG) ha elevado su cobertura hasta aproximadamente el 62% para 2026, mientras que Ryanair asegura tener cubierto cerca del 70% de su consumo, aunque advierte de posibles riesgos en el suministro si el conflicto se prolonga. Otras compañías, como Air Europa, también han confirmado medidas similares, aunque sin detallar cifras.
Más allá de la gestión financiera, el impacto operativo ya es evidente. Varias aerolíneas han comenzado a recortar capacidad y ajustar sus programaciones. Scandinavian Airlines ha cancelado alrededor de 1.000 vuelos en abril, Finnair estudia suspender rutas ante posibles racionamientos, y United Airlines ha anunciado una reducción del 5% de su capacidad para los próximos trimestres. En Europa, Volotea ha realizado ajustes puntuales en su operativa, mientras que en Asia compañías de China, Taiwán y Corea han incrementado recargos por combustible o activado planes de emergencia.
La situación también afecta a Oceanía, donde aerolíneas como Jetstar y Air New Zealand están modificando decenas de rutas. En paralelo, Vietnam Airlines ha decidido suspender vuelos nacionales de forma recurrente como medida preventiva.
El encarecimiento del crudo se ha visto agravado por la incertidumbre geopolítica. El precio del barril Brent repuntó más de un 7% tras recientes declaraciones del expresidente estadounidense Donald Trump, quien anticipó una posible resolución del conflicto en un plazo de “dos o tres semanas”. Sin embargo, la falta de claridad sobre la reapertura del estrecho de Ormuz —clave para el transporte global de petróleo— mantiene la tensión en los mercados.
Desde IATA advierten de que esta coyuntura no solo impacta en las aerolíneas, sino también en los pasajeros, ya que el aumento de costes está trasladándose progresivamente al precio de los billetes. Además, la asociación ha revisado a la baja sus previsiones de crecimiento de la demanda, reflejando un entorno de mayor cautela tanto para las compañías como para los consumidores.