La aviación internacional vuelve a mirar con preocupación hacia Oriente Medio. La escalada bélica en la región no solo ha alterado rutas y obligado a cerrar espacios aéreos estratégicos, sino que también amenaza con encarecer de nuevo el combustible y erosionar los márgenes de las principales aerolíneas del mundo. El sector, que apenas había recuperado la estabilidad tras la pandemia, afronta ahora un escenario marcado por la volatilidad energética, las cancelaciones y la incertidumbre geopolítica.
Las primeras señales ya aparecen en las cuentas de resultados. La aerolínea catarí Qatar Airways cerró su ejercicio fiscal 2025/2026 con una caída cercana al 10% en sus beneficios, hasta los 1.943 millones de dólares, afectada directamente por la inestabilidad regional y las restricciones operativas derivadas del conflicto. La compañía reconoció que la guerra condicionó la actividad aeroportuaria del Golfo Pérsico y presionó sus márgenes en el tramo final del ejercicio.
El impacto no se limita a Oriente Medio. En Europa, los grandes grupos aéreos observan con inquietud cómo el aumento del precio del crudo amenaza con disparar el coste del queroseno, una de las partidas más sensibles para el negocio. IAG —matriz de Iberia, British Airways, Vueling o Aer Lingus— logró incrementar un 77% su beneficio operativo trimestral, hasta los 351 millones de euros, gracias a la fuerte demanda de vuelos y al tirón de las rutas premium y transatlánticas.
Cada repunte de las tensiones militares en la región se traduce en caídas para las aerolíneas europeas
Sin embargo, el grupo ya ha advertido de que la factura del combustible crecerá con fuerza este año debido al conflicto en Irán y a las tensiones en torno al estrecho de Ormuz, una arteria clave para el suministro mundial de petróleo. La compañía estima que sus costes energéticos podrían elevarse hasta los 9.000 millones de euros, muy por encima de las previsiones iniciales.
El mercado bursátil ha reaccionado con rapidez. Cada repunte de las tensiones militares en la región se traduce en caídas para las aerolíneas europeas, especialmente aquellas con elevada exposición al combustible y al tráfico internacional. Los inversores temen un escenario parecido al vivido tras la invasión rusa de Ucrania: petróleo caro, inflación de costes y debilitamiento de la demanda.
Las compañías “low cost” tampoco escapan al golpe. EasyJet reconoció recientemente un incremento de sus pérdidas vinculado al encarecimiento del combustible, mientras Ryanair, pese a mantener sólidos beneficios gracias al volumen de pasajeros y su agresiva política comercial, vigila de cerca la evolución del petróleo y del consumo europeo. La guerra amenaza con alterar el delicado equilibrio que ha permitido a las aerolíneas de bajo coste mantener tarifas competitivas durante los últimos años.
A la presión energética se suman además los problemas operativos. El cierre parcial de corredores aéreos obliga a rediseñar rutas, aumentar tiempos de vuelo y asumir mayores costes logísticos. Qatar Airways ha tenido que reconstruir parte de su red internacional tras las restricciones en el espacio aéreo regional, mientras otras compañías europeas y asiáticas buscan alternativas para evitar zonas de riesgo.
El efecto dominó alcanza también a empresas tecnológicas vinculadas al turismo y la aviación. Amadeus, uno de los gigantes mundiales de reservas aéreas, reconoció que la guerra en Irán ralentizó su crecimiento en el primer trimestre debido al impacto sobre la distribución aérea y las operaciones en Oriente Próximo.
Pese a todo, el sector mantiene cierto optimismo de fondo. La demanda de viajes continúa fuerte, especialmente en rutas internacionales y segmentos premium, y muchas aerolíneas llegan a esta nueva crisis con balances más saneados que en anteriores etapas de turbulencias. Pero la amenaza es evidente: si el conflicto se prolonga y el petróleo mantiene la escalada, las compañías tendrán que elegir entre asumir menores márgenes o trasladar el sobrecoste a los billetes.