Mallorca se prepara para cambiar las reglas del juego del alquiler de coches. La proposición de ley de regulación de afluencia de vehículos aprobada por el Consell de Mallorca plantea establecer un techo tanto a la entrada de vehículos en la isla como al número de coches de alquiler, además de introducir una tasa. La iniciativa todavía debe completar su tramitación en el Parlament balear, por lo que las cifras definitivas y el sistema concreto de aplicación están aún por determinar.
Para el rent a car, el cambio puede ser relevante. El sector afronta un escenario en el que su capacidad estará condicionada por un límite administrativo y, con él, cambiarán también los incentivos para competir, renovar vehículos y ganar cuota de mercado.
El propio Consell ya ha comenzado a preparar el terreno. En junio la institución solicitó a las empresas del sector que comuniquen el número de vehículos de sus flotas y ha encargado un estudio de capacidad que deberá determinar tanto el cupo de entrada de vehículos por los puertos como el número máximo de coches de alquiler autorizados. Las estimaciones del sector y del Consell de Mallorca sitúan el parque total de vehículos de alquiler (flotas de rent a car) entre los 80.000 y los 120.000 vehículos en el conjunto de las islas, con una presencia muy mayoritaria en Mallorca.
El Consell necesita conocer primero cuál es la situación real de las flotas antes de fijar los límites
La gran incógnita es todavía cuánto será ese techo. La norma establece el marco para limitar la entrada y la presencia de vehículos de alquiler, pero será el desarrollo posterior el que determine la dimensión concreta del mercado.
Eso convierte el estudio de capacidad en una pieza clave para esta regulación, ya que el Consell necesita conocer primero cuál es la situación real de las flotas antes de fijar los límites. En junio, además, inició los trabajos para preparar la ordenanza fiscal que permitirá aplicar una tasa a los vehículos que entren en Mallorca, incluidos los coches de alquiler.
Por tanto, el efecto económico dependerá de la distancia entre el número de vehículos que actualmente demanda el mercado y el límite que finalmente se establezca. Cuanto más restrictivo sea el cupo respecto a la capacidad actual, mayor será la transformación que tendrá que afrontar el sector.
La concentración gana peso
Un mercado sujeto a cuotas tiende a premiar las posiciones ya consolidadas. Si la posibilidad de incorporar nuevos vehículos queda limitada, las empresas que ya cuentan con una presencia relevante en Mallorca pueden disponer de una ventaja frente a operadores que pretendan crecer desde una posición menor o entrar en el mercado.
No significa necesariamente que la regulación vaya a provocar una concentración automática del sector. El resultado dependerá de los criterios con los que se asignen los cupos y de cómo se articule el acceso a las autorizaciones.
El segundo gran efecto potencial está en los precios. Si la futura regulación reduce la capacidad de crecimiento de la oferta mientras la demanda turística mantiene su fortaleza, especialmente en los meses punta, puede aumentar la presión sobre las tarifas.
Lo que sí puede cambiar es la estructura de incentivos. En un mercado donde añadir coches sea más difícil, una compañía tendrá más interés en elevar la utilización de cada vehículo y maximizar el ingreso generado por cada unidad. La competencia puede desplazarse así desde la expansión hacia la eficiencia.
Por último, si existe un techo al número de vehículos, mantener unidades poco competitivas tiene un coste de oportunidad mayor. Cada coche que permanece inactivo o genera una rentabilidad insuficiente ocupa una capacidad que no podrá sustituirse fácilmente por otra unidad adicional. Eso puede favorecer una gestión más sofisticada de la flota, con mayor atención a la rotación, la estacionalidad, la demanda por categorías y la política de precios.