La gastronomía entra en el tablero de la competitividad internacional

Gestión 15/07/2026

Durante décadas, la gastronomía ha sido uno de los principales activos para atraer turistas y reforzar la imagen de un país. Sin embargo, esa función promocional empieza a quedarse pequeña. En un contexto de creciente competencia internacional, la cocina ha dejado de ser únicamente un elemento de identidad cultural para convertirse en un instrumento de política económica.

Esa es la principal conclusión del informe «La gastronomía como estrategia de Estado», elaborado por Linkers, que analiza la evolución de las políticas gastronómicas en diferentes países y plantea un cambio de paradigma: la ventaja competitiva ya no reside exclusivamente en tener grandes chefs, productos excepcionales o restaurantes reconocidos, sino en la capacidad para convertir todo ese patrimonio en una estrategia nacional capaz de generar desarrollo económico, reputación e influencia internacional.

Los países más avanzados trabajan con estrategias de largo plazo

El estudio sostiene que la gastronomía ha entrado definitivamente en el tablero de la competitividad internacional. Ya no compite únicamente por atraer visitantes, sino también por impulsar exportaciones agroalimentarias, favorecer la inversión, crear empleo cualificado, fortalecer el medio rural y mejorar el posicionamiento global de los países. Una evolución que obliga a ampliar la mirada y entender la gastronomía como un ecosistema económico, más que como un sector aislado.

Del éxito de los chefs a la fortaleza del ecosistema

Una de las principales tesis del informe rompe con una idea muy extendida: el liderazgo gastronómico no depende únicamente del prestigio de determinados cocineros.

Los casos analizados muestran que detrás de las cocinas que hoy lideran el panorama internacional existe una planificación sostenida en el tiempo, capaz de coordinar administraciones públicas, empresas privadas, productores agroalimentarios, universidades, escuelas de formación, organismos de promoción y sector turístico.

En otras palabras, el éxito no se construye alrededor de un restaurante de referencia, sino de un ecosistema que multiplica el valor generado por toda la cadena.

Cinco modelos diferentes con una misma lógica

El informe analiza experiencias muy distintas entre sí.

Perú aparece como uno de los ejemplos más representativos. En apenas tres décadas ha conseguido transformar una cocina prácticamente desconocida fuera de Latinoamérica en uno de los principales activos internacionales del país. Según el estudio, la clave no estuvo únicamente en el reconocimiento de chefs como Gastón Acurio, sino en la capacidad para convertir la gastronomía en un proyecto nacional compartido por administraciones, productores, empresas, escuelas y medios de comunicación.

Corea del Sur ha seguido una estrategia diferente. Su gastronomía forma parte de la denominada Hallyu, la ola cultural que integra música, cine, series, moda, cosmética y cocina en una misma narrativa internacional. La promoción gastronómica deja así de funcionar de forma independiente para convertirse en un elemento más de la identidad cultural del país.

Dinamarca, por su parte, ha utilizado la Nueva Cocina Nórdica para proyectar valores asociados a la sostenibilidad, la innovación y la calidad de vida; Japón ha reforzado su posicionamiento internacional vinculando patrimonio e innovación a través del reconocimiento del washoku como Patrimonio Cultural Inmaterial; mientras que Arabia Saudí incorpora la gastronomía a su proceso de diversificación económica dentro de Vision 2030.

Aunque responden a contextos muy diferentes, todos estos casos comparten un mismo denominador común: la gastronomía deja de entenderse como una política sectorial para convertirse en una estrategia nacional de largo plazo.

España: una potencia gastronómica con un modelo descentralizado

El informe reserva un apartado específico para España, a la que sitúa entre las grandes potencias gastronómicas internacionales gracias a la combinación de una despensa de alto valor, una restauración de referencia mundial, una fuerte cultura culinaria y un sector turístico consolidado.

Sin embargo, identifica una característica diferencial respecto a otros países analizados: buena parte de ese liderazgo se ha construido de forma descentralizada.

Comunidades autónomas, productores, congresos gastronómicos, empresas, destinos turísticos y cocineros han impulsado iniciativas propias que han contribuido a consolidar la reputación internacional de la gastronomía española sin responder necesariamente a una estrategia nacional única.

Lejos de interpretar esta circunstancia como una debilidad, el informe la considera una de las fortalezas del modelo español, aunque apunta que una mayor coordinación entre los distintos actores permitiría multiplicar su impacto económico y reputacional.

Competir con estrategia

Más allá de los casos analizados, el documento plantea una reflexión sobre cómo evolucionará la competencia entre países durante la próxima década.

La hipótesis es que el liderazgo dejará de construirse únicamente alrededor de restaurantes de prestigio o chefs mediáticos para apoyarse en ecosistemas capaces de conectar producción primaria, industria alimentaria, formación, innovación, tecnología, internacionalización y políticas públicas.

En ese escenario, los indicadores de éxito también cambian. Ya no bastará con medir el número de congresos, festivales o campañas promocionales. El foco se desplazará hacia variables como el incremento del gasto turístico, el crecimiento de las exportaciones agroalimentarias, la creación de empleo cualificado, la atracción de inversión, el desarrollo territorial o la mejora de la reputación internacional.

La conclusión del informe resume ese cambio de enfoque: la próxima competición internacional ya no enfrentará únicamente a las mejores cocinas del mundo, sino a los países capaces de organizar, proteger y proyectar todo el ecosistema que hace posible esa cocina. La gastronomía deja así de ser un activo promocional para consolidarse como una auténtica herramienta de competitividad.

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