El Observatorio de la Restauración de Marca 2025–2026 confirma que el Foodservice español sigue al alza —43.500 millones previstos para 2025—, pero también deja claro que el ciclo de expansión ya no se juega solo a volumen. El crecimiento del 46,9% acumulado desde 2019 sitúa a la restauración de marca en una posición de fuerza, sí, pero en un tablero donde cada movimiento exige precisión quirúrgica.
Borja Hernández de Alba, presidente de Marcas de Restauración, apuntó a un escenario en el que la demanda acompaña, pero el contexto obliga: inflación persistente, presión regulatoria, déficit de personal y un consumidor que exige innovación, personalización y sostenibilidad como mínimos operativos. El sector se vuelve más multicanal y más rápido, con el take away y el delivery ya representando el 27% del negocio. Crecer significa llegar a casa del cliente antes que la competencia y con la propuesta adecuada.
El talento, convertido en la nueva infraestructura crítica
El informe sitúa al talento en el centro de la ecuación. Ya no es un “reto”, sino una condición de posibilidad para mantener estándares, escalar operaciones y sostener la experiencia de marca. Atraer, formar y fidelizar equipos se vuelve una palanca estratégica en un momento en que la operativa es más compleja y el cliente menos tolerante al error.
Mientras tanto, las compañías conviven con una regulación cada vez más exigente y un escrutinio público que obliga a profesionalizar procesos, reforzar la eficiencia y elevar la resiliencia organizativa. La industria reclama ser escuchada, pero sabe que el margen de maniobra depende de su capacidad de adaptación.
Un consumidor más prudente y más fragmentado
La radiografía del consumo lo deja claro: el gasto en Foodservice creció un 2,3%, pero bajo decisiones más reflexivas. Crecen el consumo individual, el takeaway y el drive-thru, mientras el servicio rápido gana terreno sobre el servicio a mesa. Y la brecha generacional ya no es un matiz, sino una advertencia: jóvenes que digitalizan hábitos a toda velocidad, Millennials que consolidan el solo dining, y generaciones X y Boomers que aportan estabilidad hasta cierto punto.
La consecuencia: las marcas no pueden diseñar “para todos”. Necesitan anticipar patrones, prototipar más rápido y seguir al consumidor casi en tiempo real.
Enrique Porta (KPMG) fue directo al señalar que el sector opera en un entorno de máxima exigencia táctica y estratégica, y la tecnología —con la inteligencia artificial al frente— deja de ser opcional. Es el acelerador para aumentar eficiencia, conocer al cliente y personalizar la experiencia. Pero también el único camino para diferenciarse en un mercado hiperdenso, donde los márgenes son cada vez más elásticos y la competencia más dura.
Sostenibilidad y menú: el cambio no es cosmético
Más del 80% de las marcas ajustará sus menús para atender una demanda creciente de opciones saludables, diversas y sostenibles. No es una tendencia estética: es adaptación al nuevo contrato del consumidor con la comida, donde la percepción importa tanto como el precio.
La restauración de marca llega a 2026 con planes de expansión, más locales, más talento y más tecnología. Pero el mensaje del Observatorio es nítido: la oportunidad existe solo para quienes sepan combinar táctica y estrategia, velocidad y rigor, volumen y propósito.
