Cuando Castilla-La Mancha lanza una mirada al futuro vislumbra una riqueza patrimonial única. En el marco de un foro organizado este lunes en el CaixaForum, el Club Conecta ha reunido a responsables institucionales, alcaldes de ciudades patrimonio y representantes del sector agroalimentario para analizar el desarrollo territorial, la promoción cultural y los productos de calidad de la región.
Con la presencia destacada del vicepresidente segundo de la Junta de Comunidades, José Manuel Caballero, el encuentro sirvió para dibujar una radiografía precisa de la región como destino turístico y gastronómico de primer orden. Más allá de las claves políticas o económicas que marcaron la apertura institucional, el foro evidenció algo esencial: Castilla-La Mancha dispone de un patrimonio histórico, cultural y culinario excepcional, pero su aprovechamiento pleno exige inversión, coordinación y un compromiso sostenido con el territorio.
Ciudades patrimonio: un mapa de oportunidades aún por explotar
En la primera mesa redonda, moderada por Yolanda Gómez (ABC), alcaldes y responsables municipales coincidieron en una idea central: el patrimonio es una palanca de futuro, pero necesita apoyo para convertirse en motor de desarrollo sostenible.
Almadén fue uno de los ejemplos más contundentes. Su alcaldesa, Raquel Jurado, recordó que la localidad guarda joyas únicas —desde su histórica mina de mercurio hasta la icónica plaza de toros hexagonal— que siguen siendo grandes desconocidas por falta de infraestructuras y promoción. La mejora de las conexiones, señaló, es indispensable para activar su enorme potencial turístico.
En el extremo opuesto, Almagro representa un modelo ya consolidado. Su alcalde, Francisco Ureña, destacó que el Corral de Comedias actúa como locomotora económica y cultural de la ciudad, atrayendo miles de visitantes cada año. Sin embargo, advirtió de que preservar un casco histórico de tal valor es inviable sin financiación específica, y defendió que los ayuntamientos tengan autonomía para decidir sobre posibles tasas turísticas.
La visión de Sigüenza, en plena carrera por obtener el reconocimiento de Patrimonio Mundial, puso el foco en los municipios pequeños: territorios extensos, con numerosas pedanías y recursos limitados que requieren una normativa adaptada. Su alcaldesa, María Jesús Merino, subrayó que la cercanía a Madrid abre una oportunidad real para fijar población y generar empleo ligado al turismo patrimonial y al sector primario.
Por su parte, Toledo, ciudad patrimonial por excelencia, enfrenta el desafío inverso: gestionar el éxito. Con 120 Bienes de Interés Cultural, el concejal José Manuel Velasco defendió un modelo que apueste por un turismo de calidad compatible con un casco histórico vivo, poniendo como ejemplo la regulación de viviendas turísticas o la rehabilitación de edificios para uso residencial.
Productores de la región coinciden en que la calidad y reputación de sus productos están fuera de duda
El diagnóstico compartido fue claro: Castilla-La Mancha posee un patrimonio excepcional que puede impulsar cohesión, empleo y vida en los municipios, pero requiere infraestructuras, financiación sostenida y una estrategia común que equilibre turismo y bienestar ciudadano.
Gastronomía y DO: identidad, prestigio y desafíos
La segunda mesa del foro giró en torno a la gastronomía, otro de los pilares que definen la identidad manchega. Representantes del queso, el vino, el mazapán y el azafrán coincidieron en que la calidad y reputación de estos productos están fuera de duda, pero su futuro pasa por resolver problemas estructurales.
El presidente de la DO Queso Manchego, Antonio Martínez, alertó de la fragilidad del sector ganadero, afectado por la falta de relevo y por unos precios de leche que no cubren costes. Recordó además que más del 80% del queso que se vende en España como “manchego” no lo es realmente, reclamando una lucha más eficaz contra el fraude.
En el universo dulce, Juan Ignacio de Mesa (Santo Tomé) reivindicó la autenticidad del mazapán de Toledo y planteó la necesidad de impulsar el cultivo regional de almendra para reducir dependencia exterior y aspirar a una futura DO propia. Su mensaje fue claro: proteger a los pequeños obradores es proteger la esencia del producto.
Por parte de la DOP Azafrán de La Mancha, Valentina Cabra destacó la dureza del cultivo y la ausencia de mecanización, factores que lastran la competitividad frente a mercados internacionales más agresivos. Reclamó apoyo para desarrollar maquinaria específica que permita garantizar el relevo generacional y la viabilidad económica de las explotaciones.
La visión del sector vitivinícola la aportó Esther Bello, de la Cooperativa Virgen de las Viñas, subrayando la necesidad de aumentar el embotellado para ganar valor y fortalecer el posicionamiento internacional del DO La Mancha. El cooperativismo, dijo, es una herramienta clave para el futuro del vino y del mundo rural manchego.
La chef Rocío Arroyo, ganadora de la Cuillère d’Or, cerró la mesa destacando el papel de la restauración como embajadora natural del producto local y lamentó que la gastronomía manchega no siempre reciba el reconocimiento que merece en su propia tierra.
Un futuro que pasa por escuchar al territorio
La clausura institucional, a cargo del consejero de Fomento, Nacho Hernando, conectó el valor del patrimonio y del sector agroalimentario con la necesidad de mejorar infraestructuras, redes energéticas y marcos normativos más flexibles para municipios pequeños. Todo ello orientado a un objetivo común: hacer de Castilla-La Mancha un territorio competitivo, sostenible y capaz de retener población.
El foro, que reunió a representantes institucionales, entidades financieras y más de medio centenar de invitados, concluyó con un vino español en el que se evidenció lo esencial: el potencial turístico y gastronómico de Castilla-La Mancha es inmenso, pero su desarrollo requiere alianzas, inversiones y una visión compartida.