En apenas nueve años, Malvón ha pasado de ser una apuesta por un producto muy concreto —la empanada argentina— a convertirse en una cadena de restauración organizada con más de un centenar de establecimientos, cerca de 30 millones de euros de facturación y un plan de expansión internacional en marcha. El caso resulta especialmente interesante porque su crecimiento no se explica únicamente por la velocidad de las aperturas, sino por la construcción progresiva de un modelo capaz de combinar franquicia, producción industrial, retail y distribución.
Fundada en 2017, la compañía ha convertido la empanada en un concepto de restauración replicable. La enseña ha pasado de una primera etapa centrada en demostrar que existía mercado para un producto especializado a una segunda fase en la que la prioridad es escalar la marca y ampliar los canales de comercialización.
Los datos reflejan ese salto. La facturación de Malvón —sumando tiendas propias y franquicias— pasó de 27,8 millones de euros en 2024 a 29,1 millones en 2025. Al mismo tiempo, la red ha alcanzado ya el centenar de establecimientos en España y Portugal.
Una categoría sencilla convertida en concepto de cadena
Una de las fortalezas de Malvón reside precisamente en haber partido de un producto extremadamente reconocible. La empanada permite construir una oferta especializada, con un proceso de consumo sencillo y con posibilidades de personalización a través de diferentes rellenos.
La compañía ha trabajado sobre esa base para convertir un producto tradicional en una marca de restauración organizada, con una identidad visual, una oferta estandarizada y un sistema de producción diseñado para multiplicar puntos de venta.
Esta estandarización es fundamental para entender la velocidad de crecimiento. Llegar a cien locales no consiste simplemente en encontrar ubicaciones y franquiciados. Supone conseguir que el producto pueda reproducirse con la misma calidad y coste en una red cada vez mayor.
Malvón ha ido construyendo esa infraestructura en paralelo a su expansión comercial. La compañía invirtió alrededor de cuatro millones de euros en su obrador de Navalcarnero, dentro de un proyecto industrial financiado en buena parte mediante leasing y renting. La planta ocupa actualmente alrededor del 20% de una superficie de más de 7.000 metros cuadrados y fue concebida desde el principio con capacidad para crecer.
Estados Unidos completa el mapa de mercados prioritarios
La decisión de invertir en capacidad productiva permite entender por qué Malvón ha podido plantearse objetivos de crecimiento cada vez más ambiciosos. La compañía asumió inicialmente un préstamo bancario de siete millones de euros para financiar su transformación industrial. Tras dos años de funcionamiento de la fábrica, había amortizado alrededor de tres millones y mantenía una deuda próxima a los 4,5 millones de euros.
En enero de 2026, Malvón pactó con su pool bancario la reestructuración de esa deuda, extendiendo los vencimientos hasta 2030. El acuerdo, con CaixaBank como principal apoyo financiero y participación de Santander, Sabadell, Bankinter y otras entidades, buscaba precisamente liberar capacidad financiera para afrontar el siguiente tramo de crecimiento.
La operación resulta significativa porque se plantea como una herramienta para acompasar la estructura financiera a un negocio que está generando nuevas oportunidades. La compañía cerró el último ejercicio con un resultado de explotación superior a dos millones de euros y, desde su fundación, no ha repartido dividendos, destinando los beneficios al desarrollo del proyecto.
La franquicia como palanca, pero no como único negocio
La franquicia ha sido uno de los grandes motores de la expansión. El producto, el formato de tienda y los procesos de producción permiten que la marca pueda replicarse en diferentes ubicaciones sin necesidad de desarrollar una estructura propia para cada apertura.
En 2025 Malvón comenzó a explorar con mayor intensidad el canal de gran distribución. Uno de los proyectos más relevantes es el acuerdo con Alcampo, con un piloto en 16 centros que cuentan con panadería caliente.
El modelo consiste en suministrar empanadas ultracongeladas que se hornean en el propio establecimiento, trasladando parte de la experiencia del producto fresco a un canal diferente al de la restauración.
Dentro de esta estrategia por convertir la empanada en un modelo de consumo, la posibilidad de ampliar el modelo a otros operadores de distribución, entre ellos Carrefour, abre una vía de crecimiento adicional.
El siguiente reto: internacionalizar un producto muy españolizado
El salto internacional es probablemente la prueba definitiva para el modelo. Malvón ya está presente en Portugal y prepara una expansión mucho más ambiciosa. Francia es uno de los primeros destinos, con una apertura prevista en Rennes de la mano de un multifranquiciado independiente. Canadá también forma parte del plan, con proyectos en Toronto y otras localizaciones, mientras que Italia aparece en el radar a través de Milán.
Estados Unidos completa el mapa de mercados prioritarios, con Miami como punto de entrada. La compañía ha tenido que superar además los procesos administrativos necesarios para poder exportar y comercializar sus productos en el país.
