En Italia ha sido durante años un asunto sensible, casi de Estado. En España, en cambio, la cadena lo ha defendido como una cuestión de identidad y hasta de orgullo de marca. Pero entre una visión y otra, el recorrido de La Mafia se sienta a la mesa ha ido acumulando tensiones que, con el paso del tiempo, han empezado a tener impacto real en el negocio. Ahora, tras 25 años de trayectoria, el grupo mueve ficha: la marca evoluciona y pasa a denominarse La Famiglia se sienta a la mesa.
El cambio no llega por imperativo legal, al menos de momento, sino como una decisión estratégica que la compañía enmarca en su plan a largo plazo. Sin embargo, en el trasfondo pesan factores que van más allá del relato corporativo. La controversia con Italia —que ha incluido malestar institucional y movimientos en los tribunales— llevaba tiempo generando ruido. Y ese ruido, según distintas fuentes del sector, empezaba a trasladarse al día a día del negocio.
Un franquiciado consultado por Sivarious reconoce que “se estaba empezando a notar cierta incomodidad dentro de la red”, especialmente en ubicaciones con mayor exposición internacional. “En zonas más turísticas, donde el cliente extranjero tiene otra sensibilidad, era un tema que salía”, confiesa. No se trataba de un problema generalizado, pero sí de una fricción creciente en un modelo que depende en gran medida de la captación de socios y de su capacidad para escalar fuera de España.
Posicionamiento más neutro
Ahí es donde encaja el movimiento. La nueva denominación busca eliminar barreras, facilitar el crecimiento y reforzar un posicionamiento más neutro —aunque no del todo ajeno a la polémica— en mercados internacionales. Porque, como reconocen distintas voces del sector, el término Famiglia sigue manteniendo en Italia ciertas connotaciones vinculadas al imaginario de la mafia, aunque de forma mucho más difusa.
Desde la compañía, el relato se construye en clave de evolución natural. “Para nosotros, La Famiglia no es solo la de sangre. Son también los amigos, los compañeros, el círculo cercano… Todo aquello que nos rodea, nos une y nos hace sentir como en casa”, explica su CEO, Javier Floristán. “Esta nueva denominación refleja muy bien la esencia de lo que somos y cómo conectamos con el público que nos ha acompañado durante más de dos décadas”.
El grupo insiste en que el ADN no cambia: mismo concepto italomediterráneo, misma apuesta por la experiencia, el producto y el interiorismo. La mesa sigue siendo el eje, ahora reinterpretada bajo un concepto más universal de encuentro y pertenencia. “Después de 25 años de historia, esta evolución refleja lo que siempre ha sido el corazón de nuestra marca”, añade Floristán.
El proceso de rebranding se ha trabajado durante el último año junto a consultoras especializadas y con participación de franquiciados, socios y empleados. No es un detalle menor en una red donde el grueso del negocio está precisamente en manos de terceros. De hecho, el grupo cerró 2025 con 114 restaurantes en España: 83 bajo la enseña principal —ahora en transformación—, 21 de Ditaly y diez de La Boutique Trattoria Viajera.
La compañía prevé completar la transición antes del verano
La transición arrancará en mayo y la compañía prevé completarla antes del verano. En paralelo, seguirá avanzando en su hoja de ruta de crecimiento, que pasa por alcanzar los 200 locales y los 200 millones de euros de facturación en 2029. Solo en 2026, el grupo tiene previstas 30 aperturas. Una de las primeras con la nueva marca verá la luz en los próximos días en la zona de Velázquez, en Madrid.
El cambio de nombre llega, además, en un contexto todavía abierto en el plano institucional y legal. La compañía asegura haber intentado sin éxito establecer un diálogo con la embajada italiana, mientras valora posibles acciones en relación con los procedimientos administrativos en curso ante la OEPM. Por su parte, Italia ya ha dado un paso más y ha solicitado en los juzgados mercantiles de Barcelona que se prohíba el uso comercial de la denominación original.
Mientras tanto, la operativa no se detiene. Los restaurantes seguirán funcionando con normalidad durante el proceso, con el foco puesto en mantener la experiencia de cliente y la ejecución. Pero el mensaje de fondo es claro: más allá del relato emocional, el paso de La Mafia a La Famiglia responde también a una necesidad empresarial. Menos fricción, más crecimiento. Una ecuación que, tras años de controversia, se había vuelto difícil de esquivar.
