Enrique Tomás acusa la pérdida de clientes y la subida de materias en su balance

Operaciones 30/10/2026

Enrique Tomás cerró 2025 con un fuerte deterioro de su rentabilidad. La compañía especializada en jamón y productos ibéricos mantuvo prácticamente estable su facturación, con 47,5 millones de euros, apenas un 0,2% más que en 2024. Sin embargo, ese volumen de negocio no ha evitado que las pérdidas se disparen: la empresa terminó el ejercicio con un resultado negativo de 7,3 millones de euros, frente a los 202.000 euros que perdió un año antes.

La explicación que ofrece la dirección apunta, sobre todo, al aumento del coste de las materias primas. El encarecimiento de los productos cárnicos, especialmente del jamón y sus derivados, ha presionado las cuentas de la compañía durante el último ejercicio. Según recoge el informe de gestión, algunas categorías registraron subidas de entre el 20% y el 45%, con un impacto medio estimado del 26%. La empresa reconoce que no pudo trasladar de forma inmediata todo ese incremento a sus precios de venta, lo que terminó reduciendo sus márgenes.

A esta situación se ha sumado la pérdida de clientes relevantes, especialmente en el negocio dirigido a otras empresas, y una menor actividad en algunos mercados internacionales donde la compañía ha dejado de operar. El informe también señala la presión competitiva en los canales de restauración y de venta en aeropuertos y otros espacios de tránsito, donde los operadores cuentan con una elevada capacidad para negociar precios.

Enrique Tomás necesita que el crecimiento de su red comercial se traduzca también en mejores resultados.

El impacto se aprecia en la evolución de los gastos. Los aprovisionamientos —la compra de los productos que comercializa la compañía— aumentaron un 32,4%, hasta superar los 43,2 millones de euros. Mientras tanto, las ventas apenas avanzaron. El resultado de explotación pasó de un beneficio de algo más de 215.000 euros en 2024 a unas pérdidas de 9,1 millones en 2025.

Un año para recuperar ventas y márgenes

La compañía afronta 2026 con el objetivo de recuperar parte del terreno perdido. Tras dar el relevo generacional, el plan pasa por atraer más clientes a sus establecimientos, elevar el gasto medio por visita y revisar los precios para adaptarlos a la evolución de los costes. También contempla nuevas aperturas, aunque acompañadas del cierre de aquellos locales que no alcancen la rentabilidad esperada.

La recuperación de los clientes empresariales es otra de las prioridades. Enrique Tomás quiere reconstruir su cartera en el canal B2B y buscar nuevas oportunidades en la gran distribución. A ello se suma el impulso del negocio digital y la búsqueda de nuevas vías de crecimiento internacional.

El informe también apunta a cambios en la gestión del producto y de las operaciones: revisar formatos y gramajes, dar más peso a las referencias rentables, negociar con proveedores y reducir gastos logísticos y de estructura. La empresa pretende, además, ajustar sus existencias y mejorar la gestión de los cobros y pagos.

Los primeros meses de 2026 muestran una evolución desigual. La dirección asegura que las revisiones de precios y el control de costes han permitido recuperar parte del margen, pero las ventas avanzan por debajo de lo previsto y la recuperación del volumen está siendo más lenta de lo esperado. Pese a ello, mantiene sus previsiones para el conjunto del año y confía en que la actividad mejore durante la segunda mitad, coincidiendo con los meses de mayor demanda.

La expansión continúa pese al ajuste

Las dificultades recogidas en las cuentas conviven con una estrategia comercial que sigue mirando al crecimiento. En enero de 2026, Enrique Tomás abrió su primer establecimiento en Chile, en el centro comercial Costanera Center de Santiago. La compañía reforzaba así su presencia en Latinoamérica, donde ya operaba en mercados como Argentina, Perú, República Dominicana y Puerto Rico.

En China, la marca anunció en febrero la apertura de su quinta tienda en el país, esta vez en el aeropuerto internacional de Shenzhen Bao’an. Y en junio inauguró un establecimiento de cerca de 400 metros cuadrados en el aeropuerto de Palma de Mallorca, una infraestructura por la que pasan más de 30 millones de pasajeros al año.

Esta última apertura resulta especialmente significativa: el travel retail es uno de los canales en los que la empresa reconoce que existe una fuerte presión competitiva y sobre los márgenes. Pese a ello, los aeropuertos y otros espacios de tránsito siguen siendo una de las vías elegidas para extender la marca y acercar sus productos a nuevos consumidores.

En paralelo, Enrique Tomás busca ampliar las ocasiones de consumo del jamón ibérico. En septiembre lanzó una campaña para reivindicar su presencia también en los momentos cotidianos, más allá de las celebraciones y las ocasiones especiales.

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