Tras consolidar su propuesta con siete locales propios, Berto’s Milanesa da el salto a la franquicia. La cadena fundada por Alberto Bonhomme inicia esta nueva fase tras haber validado su modelo operativo, reforzado su estructura interna y afinado su posicionamiento en el mercado.
El movimiento llega después de la apertura de su séptimo restaurante, una flagship de gran formato —700 metros cuadrados en el centro de Barcelona— que actúa como escaparate de marca. Pero, sobre todo, tras la creación de un operador central que permite estandarizar la producción artesanal de sus milanesas y garantizar la consistencia en todos los puntos de venta.
“Con el control de toda la cadena y el modelo validado en siete locales, estamos preparados para dar servicio a franquiciados”, explica Bonhomme en conversaciones con Sivarious.
Una franquicia para operadores profesionales
El modelo se abre al mercado con una inversión media estimada de 180.000 euros por unidad, y un plazo de retorno situado entre dos y tres años, en línea con conceptos de restauración organizada eficientes en operaciones.
La compañía busca perfiles muy concretos: operadores profesionales con experiencia previa en restauración y, preferiblemente, con varias marcas en cartera. “No es un modelo pensado para autoempleo”, subraya el fundador, que lidera personalmente la expansión en esta primera fase.
El objetivo es crecer rápido, pero con control, apoyándose en socios que ya dominen variables clave como la ubicación, la gestión de equipos o la adaptación a distintos perfiles de cliente.
“Estamos yendo en sentido contrario al sector, pero el cliente lo está valorando”, apunta Bonhomme
Del fast food al casual dining
El salto a franquicia coincide con una evolución estratégica relevante. Berto’s Milanesa ha virado desde un concepto inicial cercano al fast food hacia un modelo de casual dining, con servicio en mesa, una experiencia más cuidada y un ticket medio que ronda los 20-22 euros.
Este cambio ha requerido un año de transición, durante el cual la compañía ha pausado aperturas para reformar locales, redefinir la marca y construir una propuesta más alineada con las nuevas demandas del consumidor.
El resultado es un concepto más experiencial, donde el servicio se convierte en un elemento diferencial. “Estamos yendo en sentido contrario al sector, pero el cliente lo está valorando”, apunta Bonhomme, en referencia a un contexto marcado por la simplificación operativa en la restauración.
Del plan de 50 locales a un crecimiento más afinado
Este nuevo enfoque también implica un ajuste respecto a los planes iniciales. En su arranque, la compañía aspiraba a abrir 50 locales en cinco años , con una estrategia centrada en consolidarse en Barcelona y saltar posteriormente a otras grandes ciudades como Madrid o Valencia.
Hoy, aunque la ambición de crecimiento se mantiene, la hoja de ruta es más selectiva. La prioridad pasa por expandirse de forma ordenada, con un modelo ya testado y replicable, y con una estructura que permita escalar sin comprometer la experiencia de cliente.
Expansión geográfica: foco en el Mediterráneo
En términos geográficos, Berto’s Milanesa seguirá creciendo con locales propios en Barcelona —aunque condicionado por la disponibilidad de ubicaciones prime—, mientras que la expansión fuera de Cataluña se realizará principalmente a través de franquicia.
El plan a corto plazo pasa por avanzar desde Cataluña hacia el arco mediterráneo: Zaragoza, Valencia, Murcia y Andalucía son los primeros mercados objetivo.
Madrid, aunque sigue en el radar, se abordará con cautela. La compañía considera que el nivel actual de inversión requerido —especialmente por los costes inmobiliarios— puede no ser el más adecuado en esta fase, salvo que aparezca un operador local con experiencia y capacidad para liderar el desarrollo.
Infraestructura para escalar
A diferencia de otros conceptos que evolucionan sobre la marcha, Berto’s Milanesa nació con vocación de escalabilidad. “Hemos diseñado todo para escalar”, defendía Bonhomme en los inicios del proyecto .
Hoy, esa visión se materializa en una estructura más madura: un obrador central, procesos estandarizados y un concepto de restauración que ha demostrado encaje en distintas ubicaciones.
Con estos mimbres, la compañía inicia una nueva etapa en la que la franquicia se convierte en palanca clave de crecimiento. El reto: mantener la calidad, el servicio y la identidad de marca mientras multiplica su presencia en el mercado.