La historia de Frigorífics Ferrer empezó hace más de un siglo en una parada de pescado de la plaza de Vic. Hoy, aquella empresa familiar se ha convertido en uno de los grandes operadores españoles de distribución de pescado fresco y congelado para hostelería, restauración y alimentación organizada. Y ahora prepara un nuevo salto de escala: reforzar su músculo logístico para acelerar su expansión en toda España.
La compañía catalana cerró 2025 con una facturación de 157 millones de euros, un 6,5% más que el año anterior, consolidando una trayectoria de crecimiento sostenido basada en la distribución capilar y la diversificación de producto. Su objetivo más inmediato consiste en alcanzar los 170 millones este año y duplicar negocio en el horizonte temporal de 2030.
Al frente del negocio continúa la tercera generación de la familia Ferrer. Juli, Mònica y Julià Ferrer pilotan una organización que ya trabaja con más de 19.000 clientes repartidos por todo el territorio nacional y que emplea a cerca de 500 personas, cifra que supera los 540 trabajadores durante la campaña de verano.
La empresa ha construido un modelo de crecimiento poco habitual en el sector alimentario: expansión progresiva, fuerte reinversión y una red logística propia altamente especializada. Desde sus plataformas de Vic, Mercabarna, Mercamadrid, Valencia, Lleida y Figueres, Ferrer abastece diariamente a restaurantes, hoteles, supermercados y comercios especializados.
La logística como ventaja competitiva
La gran apuesta estratégica de la compañía pasa ahora por ampliar capacidad. Ferrer prevé invertir alrededor de 20 millones de euros durante los próximos años para ampliar sus instalaciones frigoríficas y reforzar su estructura logística. El objetivo es claro: ganar músculo operativo para sostener el crecimiento y ampliar su presencia fuera de Cataluña, especialmente en Madrid y Valencia.
Ferrer cuenta con un catálogo que supera las 3.000 referencias
La dimensión industrial del grupo ya es considerable. La empresa dispone de 53.000 metros cúbicos de cámaras frigoríficas, capacidad para unas 3.000 referencias y espacio para 10.000 palés. Dos terceras partes de sus artículos son productos del mar, aunque también distribuye verduras, carne y platos precocinados .Además, ha digitalizado gran parte de la operativa mediante sistemas de radiofrecuencia y picking por voz.
Su red comercial también es una de las claves del negocio: más de 80 comerciales y cerca de 90 profesionales dedicados al reparto diario permiten mantener una distribución de alta frecuencia, uno de los factores diferenciales para el canal horeca.
El crecimiento, además, no llega únicamente de manera orgánica. En los últimos años la empresa ha incorporado participaciones y fondos de comercio de competidores para reforzar capacidad y ampliar mercado. Entre las últimas operaciones figura la entrada en Frigel, compañía ubicada en Centelles especializada en frío industrial.
Mucho más que pescado
Aunque el pescado fresco continúa siendo el corazón histórico del negocio, Ferrer ha evolucionado hacia un proveedor integral de soluciones alimentarias para hostelería y retail.
Según detalla la propia compañía en su web corporativa, la firma trabaja con una oferta diversificada que incluye pescado fresco, marisco, congelados, productos elaborados, platos preparados, postres, helados y productos cárnicos.
La empresa también ha desarrollado capacidad propia de transformación y envasado. Parte de la producción se procesa en sus salas de elaboración de Mercabarna y Mercamadrid, mientras que los productos congelados se preparan en múltiples formatos adaptados tanto al canal horeca como al retail: granel, higienizados, vacío, skin pack, termosellados o formatos específicos para supermercado.
Esa evolución hacia soluciones de mayor valor añadido es precisamente uno de los vectores que podrían marcar el siguiente capítulo de crecimiento. La compañía estudia entrar en el negocio de los productos de quinta gama y los obradores alimentarios, un segmento con mayores márgenes y creciente demanda en restauración organizada.
Un siglo mirando al mar
La trayectoria de Ferrer refleja también la transformación del consumo alimentario en España. La empresa pasó de ser una pescadería local a convertirse en pionera de la distribución de congelados en Osona durante los años cincuenta, cuando abrió uno de los primeros almacenes frigoríficos de la comarca. Décadas después llegaron las delegaciones territoriales, la expansión fuera de Cataluña y la consolidación de una red nacional.
Hoy, la compañía combina tradición familiar y escala industrial en un mercado cada vez más concentrado. Y mientras muchas empresas del sector afrontan tensiones de costes y presión sobre márgenes, Ferrer mantiene rentabilidad positiva y capacidad inversora propia. La previsión para este ejercicio pasa por alcanzar los 168 millones de euros de facturación y mejorar el margen neto hasta el 2,7%.
Con cien años de historia cumplidos en 2024, Ferrer ha dejado de ser únicamente un distribuidor de pescado. La compañía se está convirtiendo en una plataforma logística alimentaria con ambición nacional. Y su siguiente captura no será una especie del Mediterráneo, sino cuota de mercado.
