El Pastoret de la Segarra cerró 2025 con un nuevo salto en su negocio. La compañía catalana, especializada en yogures y postres lácteos de posicionamiento premium, alcanzó una cifra neta de negocio de 46,8 millones de euros, frente a los 40 millones registrados un año antes. El avance, del 17%, se produce precisamente en el ejercicio en el que el grupo francés Andros tomó una participación mayoritaria en la compañía y abre una nueva etapa para una marca que ha construido su crecimiento sobre la diferenciación y la innovación.
La evolución de la facturación confirma la trayectoria ascendente de Pastoret en los últimos años. La empresa pasó de ingresar 31,7 millones de euros en 2022 a 38,8 millones en 2023, para alcanzar los 40 millones en 2024 y situarse finalmente en 46,8 millones en 2025. En apenas tres ejercicios, el negocio ha incrementado sus ventas en torno a un 48%.
El resultado, no obstante, presenta una evolución diferente. Pastoret obtuvo en 2025 un beneficio neto de alrededor de 2,5 millones de euros, frente a los 3 millones de 2024 y los 2,8 millones de 2023. En 2022, el beneficio se situó en unos 420.000 euros. En términos operativos, el beneficio de explotación alcanzó los 3,38 millones de euros, frente a los 4,19 millones del ejercicio anterior.
La marca apuesta por ampliar las ocasiones de consumo y explorar categorías y recetas con un componente más gastronómico
Según recoge el informe de resultados de la sociedad, durante 2025 se mantuvieron los márgenes respecto al ejercicio precedente. Para 2026, la compañía contempla mantener la senda de crecimiento mediante el lanzamiento de nuevos productos, la incorporación de nuevos clientes y el incremento de las ventas entre su cartera actual. La previsión también apunta a una mejora del resultado por el aumento del volumen, una mayor estabilidad de los costes de las materias primas y un mejor mix de producto.
Andros entra en Pastoret en plena transformación del mercado
El crecimiento de Pastoret coincide con un movimiento corporativo de especial relevancia. A comienzos de 2025, Andros entró en el capital de El Pastoret de la Segarra, en una operación asesorada por Arcano Partners. El objetivo declarado de la operación es acelerar el crecimiento de la marca, reforzar su posición en Iberia y facilitar su expansión internacional aprovechando la presencia de Andros en otros mercados.
La entrada del grupo francés permite además a Andros reforzar su presencia en el mercado español de yogures desde una posición complementaria: por un lado, su negocio tradicional y su fortaleza en marca de distribuidor y, por otro, una enseña marquista posicionada en la parte alta del mercado.
De hecho, Alimarket situaba a Andros como el cuarto fabricante de yogures por volumen en España al cierre de 2024, mientras que Pastoret se había consolidado como uno de los referentes del segmento premium. La operación se produjo después de varios años de fuerte expansión de la compañía catalana, aunque también en un momento en el que los volúmenes comercializados por la marca habían mostrado una evolución más plana.
El movimiento supone, por tanto, un cambio de escala para Pastoret. La compañía mantiene su identidad y su posicionamiento, pero incorpora un socio industrial con capacidad para acompañar su desarrollo fuera de España. Entre los objetivos comunicados tras la operación figura precisamente aumentar la presencia internacional, especialmente en Europa.
Crecer en valor en una categoría madura
La evolución de Pastoret se produce en un mercado de yogures que presenta una doble realidad. Por un lado, continúa siendo una categoría de enorme penetración y consumo; por otro, el volumen no ha mantenido siempre el mismo dinamismo, lo que obliga a los fabricantes a buscar crecimiento mediante nuevas ocasiones de consumo, mayor valor añadido y propuestas diferenciadas.
Los datos de Mercasa muestran que los hogares españoles consumieron en 2024 8,9 kilos de yogur por persona, dentro de un consumo total de 1.518,8 millones de kilos de derivados lácteos. El yogur representó además el 13,7% del gasto de los hogares en derivados lácteos, con 20,7 euros por persona.
La producción industrial también mantiene una dimensión considerable. En 2024 se superó el millón de toneladas de producción de yogures en España, por un valor de 1.599 millones de euros, según los datos recogidos por Mercasa a partir de la Encuesta Industrial Anual de Productos del INE.
Pero el contexto competitivo es especialmente exigente. Las marcas de distribución cuentan con una presencia elevada en yogures y postres lácteos, mientras que los grandes fabricantes compiten por volumen y penetración. En este escenario, el posicionamiento premium permite a operadores de menor escala defender un precio superior siempre que aporten una diferenciación reconocible.
Pastoret ha construido precisamente su propuesta alrededor de esa estrategia. Entre 2010 y 2019, mientras el mercado español de yogures perdía alrededor de un 10% de su valor, la compañía incrementó sus ventas casi un 400%.
De la salud a la indulgencia
La respuesta de Pastoret ante este escenario pasa ahora por ampliar las ocasiones de consumo y explorar categorías y recetas con un componente más gastronómico. La compañía mantiene su apuesta por productos como los yogures griegos, kéfir, referencias proteicas, alternativas vegetales y postres, pero también está desarrollando propuestas capaces de trasladar el yogur hacia el territorio del placer y la indulgencia.
Es una evolución coherente con el ADN de la compañía. Pastoret define su misión como llevar el «placer gastronómico» al mundo del yogur y sitúa la innovación entre los pilares de su estrategia, con nuevos productos basados en combinaciones de sabores y presentaciones diferenciadas.
Su catálogo incorpora así referencias que se alejan del concepto más convencional de yogur natural para acercarse al universo del postre: combinaciones con fruta y toppings, cremas de chocolate o referencias como sus yogures griegos con nuevos sabores. En el canal de distribución aparecen, por ejemplo, referencias de yogur griego con matcha y arándanos, además de otras propuestas de fruta y kéfir.
La estrategia no significa abandonar el discurso de naturalidad y artesanía que ha construido la marca. Más bien busca combinarlo con una mayor sofisticación de la experiencia de consumo. Es una vía para elevar el valor de cada referencia en un mercado donde competir exclusivamente por volumen resulta especialmente complicado.
