Se encalla la renovación de El Pesquero. La Autoridad Portuaria de Baleares (APB) ha decidido mantener paralizada la concesión definitiva del restaurante, uno de los más emblemáticos de Palma a nivel de historia, oferta y ubicación. Situado en el muelle de La Lonja de Palma y con una estética náutica que forma parte de la panorámica de la ciudad, el nuevo proyecto ha sido rechazado por «deficiencias» y una «distorsión visual» para el centro histórico.
La reforma planteada por la empresa adjudicataria, Coliving Puig d’Alaró, apostaba por una transformación integral del espacio mediante una propuesta arquitectónica contemporánea inspirada en la tradición naval del puerto de Palma. El elemento más llamativo del proyecto era una gran pérgola de madera laminada, diseñada a partir de las estructuras de los antiguos barcos en construcción de los astilleros, dejando visibles las cuadernas como homenaje a la estética marítima histórica de la zona.
Sobre esta cubierta estaba prevista la instalación de placas solares fotovoltaicas con el objetivo de reducir parte de la demanda energética del restaurante y reforzar el componente sostenible del proyecto. Bajo la pérgola se proyectaba un nuevo pavimento organizado mediante un sistema geométrico de rombos delimitados con tiras de mármol de Binissalem. En su interior se alternaban superficies de madera para la zona de restauración y espacios ajardinados en los límites del recinto.
Entre los principales argumentos figura el excesivo protagonismo visual de la estructura proyectada,
La idea de los arquitectos era que este diseño se extendiera visualmente hacia el muelle para generar una continuidad estética con el paseo portuario y relacionarse tanto con la sombra proyectada por la propia pérgola como con el antiguo secadero de redes situado en las inmediaciones.
Entre la cubierta y el nuevo pavimento se situaría el restaurante, dividido entre cocina y zona de comedor cubierta. Esta última iba a quedar delimitada mediante un sistema de vidrios plegables que permitiría abrir completamente el espacio durante buena parte del año y favorecer así una integración más fluida con el entorno marítimo.
El proyecto también contemplaba la construcción de un sótano destinado a servicios internos para liberar espacio en la superficie principal. En esta planta subterránea se preveían vestuarios para el personal, almacenes, cámaras frigoríficas, dependencias para productos de limpieza y baños.
Sin embargo, tanto los informes técnicos municipales como la Comisión de Centro Histórico del Ayuntamiento de Palma han emitido valoraciones desfavorables al considerar que el proyecto rompe visualmente con el entorno patrimonial de La Lonja y el paseo marítimo histórico. Entre los principales argumentos figura el excesivo protagonismo visual de la estructura proyectada, que según los informes alteraría la imagen consolidada de uno de los espacios más sensibles y reconocibles de la ciudad.
La polémica también ha provocado críticas desde entidades conservacionistas como ARCA, que consideran que el nuevo diseño pretendía competir visualmente con edificios históricos como Sa Llotja o el Consolat de Mar.
Pese a las objeciones urbanísticas, la APB había seleccionado esta propuesta dentro del concurso público convocado para explotar el establecimiento. El proyecto fue el mejor valorado en aspectos relacionados con la inversión prevista, el plan de explotación, la sostenibilidad y la gestión medioambiental. La inversión contemplada rondaba los 2,9 millones de euros.
No obstante, la propia Autoridad Portuaria reconoció que la propuesta obtuvo una puntuación especialmente baja en integración paisajística y patrimonial, uno de los aspectos que ahora condiciona el futuro de la concesión.
La APB insiste en que no formalizará ningún contrato mientras no exista una autorización municipal favorable y deja abierta la puerta a que el adjudicatario modifique el diseño para adaptarlo a los criterios urbanísticos y patrimoniales exigidos para este enclave estratégico del puerto de Palma.