La hora del Negroni

La hora del Negroni

Publicado el martes 12 de octubre del 2021
martes 12 de octubre del 2021

El Negroni es un cóctel clásico italiano cuyo centenario celebramos en 2019. Sin embargo, en nuestras fronteras, su auge data de la última década.

La historia de su nacimiento parece que guarda un amplio consenso, a pesar de que la sombra de la duda planea sobre la versión oficial, como suele suceder con cualquier mito popular.

En principio parece claro que fue el conde Camillo Negroni quien pidió a su barman de confianza, Fosco Scarselli del Café Cassoni en Florencia, que sustituyera la soda habitual de su Americano por ginebra para darle algo más de punch. El conde venía entusiasmado con la ginebra que había probado en sus correrías por Londres.

Pero, vayamos por partes, ¿qué es un Americano?  En Italia, cuna del aperitivo, el vermut se toma al estilo americano pero con un giro. En puridad, se trataría de vermut con bitter, es decir con angostura. La fórmula de la Angostura es secreta, pero podemos decir que su base es alcohólica (48%) y que consta de hasta 25 compuestos botánicos entre los que se encuentran frutos, raíces y cortezas. La planta estrella es la genciana y, paradójicamente, la rutácea medicinal conocida como Angostura o cuspa no forma parte de la mezcla. El caso es que para los italianos, el toque de bitter es sinónimo de Campari, no de Angostura. Éste, se servía con soda y con la incorporación del hielo al mercado, a principios del siglo XX, se popularizó la versión Shakerato: un Campari  menos amargo y más refrescante.

El hombre es, por naturaleza, expeditivo y así ha hecho siempre a lo largo de la historia. Con las bebidas espirituosas no podía ser menos, trasladando brebajes de la farmacia al bar. En efecto, los primeros laboratorios mixológicos tenían propósitos medicinales, del mismo modo que los antiguos jarabes para la tos, o tónicos reconstituyentes contenían sustancias estupefacientes.

Así pues, tras la feliz ocurrencia del conde Negroni, la receta clásica del cóctel quedó constituida por una parte de vermut, otra de Campari y una tercera de ginebra. Todo ello servido frío, con la precaución de no añadir hielo picado para no aguar la potente bebida y en vaso Old Fashioned, es decir, bajo y ancho. Si se le añaden unas gotas de naranja se realza el tono del vermut y si se añaden de limón, el de la ginebra. Además de proporcionar la excusa de que lo bebemos por las vitaminas.

La curiosidad del hedonista no se ha detenido en el feliz hallazgo del Negroni y, por supuesto, la lista de versiones del mismo es interminable. Entre las más interesantes podemos destacar el Sbagliato (algo así como un Negroni incorrecto) en el que se sustituye la ginebra por champán para hacerlo más suave. Con tal sofisticación, su mejor embajadora no pudo ser otra que la actriz Audrey Hepburn, de quien se recuerda su entusiasmo por el cóctel durante el rodaje de Vacaciones en Roma.

Y, si la cosa va de cine, el sector patrio no iba a quedarse de brazos cruzados. Buñuel también tenía su propia versión del Negroni –al que bautizó como Buñueloni- y en el que sustituía el Campari por vermut seco, quedando su personal mezcla constituida por Carpano, Cinzano dulce y Beefeater.

Otro cineasta que contribuyó a difundir la fama del cóctel fue Orson Welles a raíz del rodaje de la película Cagliostro. Según él, el vermut era excelente para el hígado, pero la ginebra no tanto, por lo que debían ingerirse juntos.

El renacimiento de la coctelería en los últimos 15 años ha traído una nueva edad de oro para la centenaria bebida y la añoranza por la dolce vita en medio de las circunstancias pandémicas que hemos vivido ha ayudado. Y no sólo por eso; aunque no sea fácil encontrar el Negroni perfecto en los bares, la simpleza de la mezcla -compuesta por tres líquidos a partes iguales- la ha hecho idónea para quitar las penas del confinamiento en casa.

Sus múltiples variantes, para los más curiosos, prometen no aburrirnos nunca: podemos pedir Negroni con chocolate, Negroni blanco –versión afrancesada- o incluso Banana Negroni.

El sofisticado cóctel sólo tiene una regla: que cuando se pruebe se reconozca que se trata de un Negroni. Hace una década sólo lo bebían italianos y connaisseurs. Es un cóctel difícil porque tiene una buena “pegada” de entrada, pero, cuando se le coge el punto ya no se puede salir de él. El columnista David Gistau fue uno de sus grandes valedores. Y Gistau casi siempre acertaba.

En esta noticia se habla de:

Noticias Relacionadas